Por cuestiones de falta de coordinación con nuestro alojamiento en Manta y gracias a la buena voluntad de Geovanny, nuestro CS en Guayaquil, adelantamos una semana nuestra visita a la ciudad más poblada de Ecuador, aunque fue solo de paso, puesto que solamente aliviamos nuestros equipajes y pasamos la noche allí.
Una serie de intercambio de contactos nos permitió alojarnos, al fin, en Manta en la casa de Isabel, por solo una noche, la que aprovechamos para visitar el malecón y la zona de bares de esta ciudad, conocida como la capital ecuatoriana del atún.
Si bien Manta es parte, al otro día, domingo 24, comenzó más precisamente nuestro viaje por parte de la Ruta del Sol, desde Puerto López hasta Salinas, dado que Puerto López es donde efectivamente comenzamos a disfrutar de la playa.
Allí pasamos dos días (y noches) simplemente disfrutando del mar, observando a los pescadores, caminando por la playa, pescando con el pie pateando olas pequeñas olas y fundamentalmente disfrutando de las fogatas nocturnas que encendíamos para tostar panes o cocinar salchichas, pero también para compartir largas charlas hasta que llegaba el sueño y con ello, la hora de ir a la carpa.
Y así fueron nuestros días por allí, sin presupuesto para visitar la Isla de la Plata, conocida como la Galápagos de los pobres (tan pobres que ni para esa tenemos dinero jaja!), se la pasó bien igual y ni siquiera la lluvia de la última madrugada opacó los lindos días de playa que tuvimos. Nos fuimos de Puerto López antes del mediodía hacia Montañita, previa observación de los pelícanos que robaban pescados al pasar por encima de los cajones de los pescadores.
En Montañita el estilo cambia. Ya no se veía más un pueblo de pescadores como Puerto López. Montañita tiene un estilo propio, aquel que se observa, se escucha y se respira, aquel que resulta de hippies, artesanos y rastafaris mezclados con surfers o turistas más adinerados, todos agrupados en sus calles colmadas de construcciones de caña y techos de paja. Si bien había conocido el año pasado, Montañita mostró algo distino. Además de desarrollarse el torneo de surf Reef Classic Conquer 2010, ahora las playas estaban llenas de turistas, con poco lugar entre las sombrillas y con algunas incipientes construcciones que pronto pasarán a ampliar la capacidad hotelera y la diversión en este pueblo.
Se dice que en Montañita no se duerme. Los bares se llenan, la música suena y las cervezas y cocteles se venden por cualquier puesto que aparezca por ahí, en esas calles angostas, que dan la sensación de estar en una peatonal techada y que de vez en cuando aparece algún que otro payaso callejero haciendo de las suyas.
Estuvimos dos días en Montañita disfrutando de la playa hasta el último rayo de sol y degustando alguna que otra Coca Cola o helado y caminando por calles que no aburren. Pero había que seguir y era el turno de visitar Salinas, en donde nos esperaba Abraham, de CS.
Salinas representó para nosotros nuestra última parada en la Ruta del Sol. La infraestructura cambia y ya se respira a ciudad. Las construcciones reflejan simple vista que la ciudad no busca viajeros improvisados, sino que sus grandes hoteles ya saben que llegaran miles de turistas cada temporada. De la misma forma, es una ciudad mucho m[as cara, los hostales se encarecen y también las comidas.
Abraham se portó de diez y fue un maravilloso anfitrión. De entrada nos aclaró que no nos asustemos por el lugar donde vive: en medio de una Salinera, que es propiedad de la empresa familiar. Nada de eso nos importó, él nos llevó de una playa a otra, y nos retiraba cuando el salía de trabajar, para ir a almorzar los menúes fabulosos que el cocinero de su casa nos preparaba especialmente para que probaramos. Conocimos la playa de Chipipe, tranquila y con un mar super tranquilo, y caminamos a lo largo hasta pasar a la playa de Salinas, más poblada y más comercial. También visitamos Punta Blanca y el último día, nos hizo pasar al Yatch Club del cual es socio y pasamos la mañana allí en la piscina, en frente al mar.Eso fue nuestro viaje por la Ruta del Sol, nuestro siguiente destino fue Guayaquil, a donde fuimos junto a Abraham, aprovechando que él también tenía que viajar hasta allí.




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