En Ecuador, Baños de Agua Santa, más conocido como Baños, es sinónimo de aventura. En sus escasas manzanas es posible encontrar distintos puestos que ofrecen una larga gama de atracciones: rafting, canyoning, salto del puente, tirolesa, vista del volcán Tungurahua, tours a la selva y alquiler de bicicletas, entre otras opciones. Obviamente uno quiere hacer todas estas actividades pero el presupuesto no lo permitía asi que fuimos eligiendo con criterio cuáles haríamos.
Llegamos a Baños alrededor de las tres de la tarde, con el día nublado y una llovizna muy fina. Nos alojamos en el Residencial Patty, a U$S 4 cada uno la noche y comenzamos a recorrer la ciudad averiguando precios y otros detalles de las excursiones. El Tungurahua, volcán emblema de la ciudad, que se encontraba en erupción, fue una fallida excursión en esa noche que no dejó verlo ni siquiera desde los puestos de control (conocidos como Ojos del Volcán o Casa del Arbol), los más cercanos al volcán donde se encuentran los sismógrafos que comunican minuto a minuto la actividad volcánica. No fue consuelo ni el canelazo ni que nos lleven al mirador Bella Vista a ver la ciudad. El volcán no había estallado y la excursión, fracasado.
El 20 de Enero tuvo un poco más de color, no por haber salido el sol sino porque la aventura comenzó realmente. Luego de un desayuno que incluía bananas para prevenir calambres, contratamos dos bicicletas a U$S 5 cada una para hacer la ruta de las cascadas. Fueron 30 kilómetros de ida pasando por cinco cascadas, cada una con su encanto particular: Agoyán, Manto de la Novia, San Pedro, el Pailón del Diablo y Machay. De estas últimas, el Pailón del diablo es aquella que aparece en Proof of Life, película protagonizada por Russell Crowe. La última merece una mención especial porque en ella nos zambullimos a pesar del frío y de la potencia que tenía. Increíble.
La bicicleteada no teminó allá: había que vovler. Y nuevamente los 30 kilómetros a pedalear, esta vez, con más subidas que bajadas, en las cuales pedaleabamos hasta que las piernas quemaban y ahí bajabamos y continuabamos a pie.
El día terminó con algunos gustos: un baño en las aguas termales de la virgen y más tarde una cervecita en un bar.
Al día siguiente, contratamos la excursión por la selva a U$S 25 cada uno. En Chiva, fuimos hasta Puyo y allí visitamos una reserva de monos. Todos sueltos, saltaban de turista en turista y muy atrevidos, revisaban los bolsillos de cada uno de nosotros. De regalo, nos llevamos una meada de uno de ellos que no aguantó cuando lo teníamos encima.
Lo siguiente interesantes (porque otras cosas tenían más objetivos comerciales que mostrar la selva en sí) fueron los treinta minutos de canoa por la selva, por el río Puyo. Hechas de tronco, tambaleaban de un lado a otro y si bien algo nos mojamos, nunca se dieron vuelta. Es interesante ver cómo el agua pone una pausa a la densa vegetación que hay, si bien es selva secundaria, algo modificada y adecuada al hombre.
Luego de esos 30 minutos, nos esperaba el almuerzo y casi inmediatamente después comenzamos una caminata hacia la cascada Hola Vida en medio de la selva, con Lorena, nuestra guía quien nos fue mostrando diferentes tipos de insectos y plantas que los indígenas usaban con fines medicinales, estéticos y hasta afrodisíacos.
De más está decir, que nos bañamos en la cascada, que golpeaba durísimo cuando te parabas justo debajo de ella.
Lo último de la excursión fue el mirador desde el cual se veía la selva y el río que la atravezaba. Una increible vista digna de ser observada detalladamente y pensando en lo inmenso que es el mundo y lo afortunados que somos quienes tenemos las ganas y la posibilidad de viajar para conocer aunque sea una mínima parte de lo que la naturaleza tiene para mostrarnos. Sin embargo, lo mejor estaba al lado, a menos de veinte pasos: el columpio. Increible, no solo por el paisaje que acompañaba sino por la forma. Pura adrenalina, con el riesgo de quedar colgando si no me atajaban. Juro que me temblaron las piernas, y mucho.
Si bien nos fuimos al día siguiente, eso fue todo en Baños. Lo mejor que vimos en Ecuador, lo que más esperaba de este país desde que salí de Argentina. La ciudad nos despidió con una sorpresa. Como respondiendo a la primera excursión y asegurando que el saludo era "hasta la próxima" y no un "gracias por visitarnos", la ciudad nos despidió con el volcán y su chimenea de humo. Así terminó nuestra visita a Baños. Queda el recuerdo. Queda un proyecto en mente.
viernes, 29 de enero de 2010
19 al 23 de Enero - Baños de Agua Santa
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