Llegamos a Manizales luego de ocho horas de viaje cuando todavía no había amanecido. Por cuestiones de presupuesto compramos el ticket más barato (35000 COP) y eso se tradujo en una gran incomodidad, principalmente para mi. Por otro lado, el clima fue tan cambiante entre frío, calor y lluvia como también lo era la ruta que sigzagueaba para un lado y para el otro en medio de las montañas. No puedo decir mucho del paisaje, vaya a saber uno a qué altura estabamos, pero con la luz de la luna y alguna que otra luz artificual se dejaban apreciar tramos de ruta rodeados de abundante vegetación y otros que bordeaban un precipicio cuyo final era imposible de ver por la oscuridad y la neblina.
Respecto a Manizales, era mayor la ignorancia sobre este destino que lo que sabíamos de esta ciudad de aproximadamente 400 mil habitantes. Entre lo que sabemos, es una de las principales ciudades del eje cafetero colombiano, de una gran feria, del nevado de Ruiz, pero deportivamente hablando, es la ciudad que aloja al recordado Once Caldas de Manizales, aquel equipo que con Henao como su arquero carismático, ganó la Copa Libertadores frente a Boca Juniors, en una final donde bajaban de la tribuna miles de gritos ensordecedores coreando "Sí se puede, sí se puede".
Ya en la ciudad, esperamos por Nicolás, quien nos alojaría en su casa, varias horas en la terminal o el centro porque no habíamos logrado comunicarnos con él. Con un acento distinto al resto de la gente de las ciudades que habíamos visitado, Nicolás hizo honor de la reputación que su querida Manizales tiene: "La ciudad de las puertas abiertas". Así, tanto él como su familia, con amabilidad y gentileza, nos hicieron un lugar en un cuarto de la casa, donde dormimos un rato para recuperar horas de sueño, aquellas que no habíamos tenido durante el viaje.
Al despertar, todo estaba listo para disfrutar del último día de la que se considera la mejor feria de América. Las calles repletas de gente, vendedores y principalmente, mucha fiesta. Nicolás, con simpatía, sin una gota de timidez, y con muchas ganas de rumbear, nos mostó su ciudad: Chipre, el monumento a los colonizadores, la catedral y mucho más. Eso sí, había una condición: hacerle contacto con mujeres argentinas!
Al otro día, la idea era visitar las fincas cafeteras. Para ello, visitamos Armenia (15000 COP cada pasaje), una ciudad a una hora de Manizales. Sin embargo, fue un viaje algo frustrado. En primer lugar, el famoso Parque del Café era casi imposible de ingresar debido a lo caro de la entrada. Entonces, lo que buscamos fue intentar conocer alguna finca para ver plantaciones de café.
Tomamos un bus que luego de un largo recorrido nos dejó en la zona de fincas, tal como nos había indicado una señora en el centro de Armenia. Desafortunadamente no encontramos ninguna finca por allí. Las fincas que encontrabamos no eran cafeteras sino más bien de recreación, con piletas, chanchas de fútbol, etc., solo caminamos y caminamos por la ruta, sin éxito, encontrando por allí alguna que otra planta de café. De todas formas, pudimos apreciar las fincas desde lo lejos en el bus. La zona, totalmente montañosa y con mucha vegetación, alberga plantaciones de café por donde quiera que miren.
Ya no quedaba más tiempo para Manizales, no porque no quisieramos quedarnos, debíamos seguir. El próximo destino: Cali por un poco tiempo y luego Pasto, ya para prepararnos para cruzar a Ecuador.





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