domingo, 31 de enero de 2010

24 al 29 de Enero - Ruta del Sol



Por cuestiones de falta de coordinación con nuestro alojamiento en Manta y gracias a la buena voluntad de Geovanny, nuestro CS en Guayaquil, adelantamos una semana nuestra visita a la ciudad más poblada de Ecuador, aunque fue solo de paso, puesto que solamente aliviamos nuestros equipajes y pasamos la noche allí.

Una serie de intercambio de contactos nos permitió alojarnos, al fin, en Manta en la casa de Isabel, por solo una noche, la que aprovechamos para visitar el malecón y la zona de bares de esta ciudad, conocida como la capital ecuatoriana del atún.
Si bien Manta es parte, al otro día, domingo 24, comenzó más precisamente nuestro viaje por parte de la Ruta del Sol, desde Puerto López hasta Salinas, dado que Puerto López es donde efectivamente comenzamos a disfrutar de la playa.
Allí pasamos dos días (y noches) simplemente disfrutando del mar, observando a los pescadores, caminando por la playa, pescando con el pie pateando olas pequeñas olas y fundamentalmente disfrutando de las fogatas nocturnas que encendíamos para tostar panes o cocinar salchichas, pero también para compartir largas charlas hasta que llegaba el sueño y con ello, la hora de ir a la carpa.
Y así fueron nuestros días por allí, sin presupuesto para visitar la Isla de la Plata, conocida como la Galápagos de los pobres (tan pobres que ni para esa tenemos dinero jaja!), se la pasó bien igual y ni siquiera la lluvia de la última madrugada opacó los lindos días de playa que tuvimos. Nos fuimos de Puerto López antes del mediodía hacia Montañita, previa observación de los pelícanos que robaban pescados al pasar por encima de los cajones de los pescadores.

En Montañita el estilo cambia. Ya no se veía más un pueblo de pescadores como Puerto López. Montañita tiene un estilo propio, aquel que se observa, se escucha y se respira, aquel que resulta de hippies, artesanos y rastafaris mezclados con surfers o turistas más adinerados, todos agrupados en sus calles colmadas de construcciones de caña y techos de paja. Si bien había conocido el año pasado, Montañita mostró algo distino. Además de desarrollarse el torneo de surf Reef Classic Conquer 2010, ahora las playas estaban llenas de turistas, con poco lugar entre las sombrillas y con algunas incipientes construcciones que pronto pasarán a ampliar la capacidad hotelera y la diversión en este pueblo.
Se dice que en Montañita no se duerme. Los bares se llenan, la música suena y las cervezas y cocteles se venden por cualquier puesto que aparezca por ahí, en esas calles angostas, que dan la sensación de estar en una peatonal techada y que de vez en cuando aparece algún que otro payaso callejero haciendo de las suyas.
Estuvimos dos días en Montañita disfrutando de la playa hasta el último rayo de sol y degustando alguna que otra Coca Cola o helado y caminando por calles que no aburren. Pero había que seguir y era el turno de visitar Salinas, en donde nos esperaba Abraham, de CS.

Salinas representó para nosotros nuestra última parada en la Ruta del Sol. La infraestructura cambia y ya se respira a ciudad. Las construcciones reflejan simple vista que la ciudad no busca viajeros improvisados, sino que sus grandes hoteles ya saben que llegaran miles de turistas cada temporada. De la misma forma, es una ciudad mucho m[as cara, los hostales se encarecen y también las comidas.
Abraham se portó de diez y fue un maravilloso anfitrión. De entrada nos aclaró que no nos asustemos por el lugar donde vive: en medio de una Salinera, que es propiedad de la empresa familiar. Nada de eso nos importó, él nos llevó de una playa a otra, y nos retiraba cuando el salía de trabajar, para ir a almorzar los menúes fabulosos que el cocinero de su casa nos preparaba especialmente para que probaramos. Conocimos la playa de Chipipe, tranquila y con un mar super tranquilo, y caminamos a lo largo hasta pasar a la playa de Salinas, más poblada y más comercial. También visitamos Punta Blanca y el último día, nos hizo pasar al Yatch Club del cual es socio y pasamos la mañana allí en la piscina, en frente al mar.Eso fue nuestro viaje por la Ruta del Sol, nuestro siguiente destino fue Guayaquil, a donde fuimos junto a Abraham, aprovechando que él también tenía que viajar hasta allí.

viernes, 29 de enero de 2010

19 al 23 de Enero - Baños de Agua Santa

En Ecuador, Baños de Agua Santa, más conocido como Baños, es sinónimo de aventura. En sus escasas manzanas es posible encontrar distintos puestos que ofrecen una larga gama de atracciones: rafting, canyoning, salto del puente, tirolesa, vista del volcán Tungurahua, tours a la selva y alquiler de bicicletas, entre otras opciones. Obviamente uno quiere hacer todas estas actividades pero el presupuesto no lo permitía asi que fuimos eligiendo con criterio cuáles haríamos.
Llegamos a Baños alrededor de las tres de la tarde, con el día nublado y una llovizna muy fina. Nos alojamos en el Residencial Patty, a U$S 4 cada uno la noche y comenzamos a recorrer la ciudad averiguando precios y otros detalles de las excursiones. El Tungurahua, volcán emblema de la ciudad, que se encontraba en erupción, fue una fallida excursión en esa noche que no dejó verlo ni siquiera desde los puestos de control (conocidos como Ojos del Volcán o Casa del Arbol), los más cercanos al volcán donde se encuentran los sismógrafos que comunican minuto a minuto la actividad volcánica. No fue consuelo ni el canelazo ni que nos lleven al mirador Bella Vista a ver la ciudad. El volcán no había estallado y la excursión, fracasado.

El 20 de Enero tuvo un poco más de color, no por haber salido el sol sino porque la aventura comenzó realmente. Luego de un desayuno que incluía bananas para prevenir calambres, contratamos dos bicicletas a U$S 5 cada una para hacer la ruta de las cascadas. Fueron 30 kilómetros de ida pasando por cinco cascadas, cada una con su encanto particular: Agoyán, Manto de la Novia, San Pedro, el Pailón del Diablo y Machay. De estas últimas, el Pailón del diablo es aquella que aparece en Proof of Life, película protagonizada por Russell Crowe. La última merece una mención especial porque en ella nos zambullimos a pesar del frío y de la potencia que tenía. Increíble.
La bicicleteada no teminó allá: había que vovler. Y nuevamente los 30 kilómetros a pedalear, esta vez, con más subidas que bajadas, en las cuales pedaleabamos hasta que las piernas quemaban y ahí bajabamos y continuabamos a pie.
El día terminó con algunos gustos: un baño en las aguas termales de la virgen y más tarde una cervecita en un bar.

Al día siguiente, contratamos la excursión por la selva a U$S 25 cada uno. En Chiva, fuimos hasta Puyo y allí visitamos una reserva de monos. Todos sueltos, saltaban de turista en turista y muy atrevidos, revisaban los bolsillos de cada uno de nosotros. De regalo, nos llevamos una meada de uno de ellos que no aguantó cuando lo teníamos encima.

Lo siguiente interesantes (porque otras cosas tenían más objetivos comerciales que mostrar la selva en sí) fueron los treinta minutos de canoa por la selva, por el río Puyo. Hechas de tronco, tambaleaban de un lado a otro y si bien algo nos mojamos, nunca se dieron vuelta. Es interesante ver cómo el agua pone una pausa a la densa vegetación que hay, si bien es selva secundaria, algo modificada y adecuada al hombre.
Luego de esos 30 minutos, nos esperaba el almuerzo y casi inmediatamente después comenzamos una caminata hacia la cascada Hola Vida en medio de la selva, con Lorena, nuestra guía quien nos fue mostrando diferentes tipos de insectos y plantas que los indígenas usaban con fines medicinales, estéticos y hasta afrodisíacos.
De más está decir, que nos bañamos en la cascada, que golpeaba durísimo cuando te parabas justo debajo de ella.

Lo último de la excursión fue el mirador desde el cual se veía la selva y el río que la atravezaba. Una increible vista digna de ser observada detalladamente y pensando en lo inmenso que es el mundo y lo afortunados que somos quienes tenemos las ganas y la posibilidad de viajar para conocer aunque sea una mínima parte de lo que la naturaleza tiene para mostrarnos. Sin embargo, lo mejor estaba al lado, a menos de veinte pasos: el columpio. Increible, no solo por el paisaje que acompañaba sino por la forma. Pura adrenalina, con el riesgo de quedar colgando si no me atajaban. Juro que me temblaron las piernas, y mucho.

Si bien nos fuimos al día siguiente, eso fue todo en Baños. Lo mejor que vimos en Ecuador, lo que más esperaba de este país desde que salí de Argentina. La ciudad nos despidió con una sorpresa. Como respondiendo a la primera excursión y asegurando que el saludo era "hasta la próxima" y no un "gracias por visitarnos", la ciudad nos despidió con el volcán y su chimenea de humo. Así terminó nuestra visita a Baños. Queda el recuerdo. Queda un proyecto en mente.

lunes, 18 de enero de 2010

17 al 18 de Enero - Quito: Mitad del Mundo



Si bien el paralelo de cero grados da la vuelta al mundo, en la capital de Ecuador cobra mayor importancia. Llegamos a Quito el 17 de Enero a la tarde y luego de caminar y caminar buscando hostales por internet, llegamos al Hostal Marsella (U$S 6 cada uno). Al otro día recorrimos el centro histórico con todos los edificios que se pueden imaginar: catedral, plaza principal, palacio de gobierno, etc.
Además, poco había pasado del mediodía cuando tomamos una serie de buses que nos llevaron a la Ciudad Mitad del Mundo. Se trata de un complejo en el cual está trazada la línea del Ecuador, aquella que fue calculada por primera vez en 1736. En realidad, con las nuevas tecnologías se demostró que no es exactamente allí, sin embargo no hay que menospreciar lo cerca de aquella hallada sin tecnología de punta.
La entrada nos costó U$S 2 y también venían incluidas las visitas a unas salas de exposición de una misión geodésica francesa, una muestra de insectos de Ecuador y otros países y unas maquetas en miniatura de Guayaquil y Cuenca.
No fue mucho lo que hicimos en Quito. Tampoco pretendíamos más. Es una ciudad capital y para ver edificios no vale la pena quedarse. Lo relevante era el cruce de hemisferios. Ahora vamos en busca de aventura: bicicleta por la montaña, aguas termales y selva. Próximo destino: Baños de Agua Santa.

domingo, 17 de enero de 2010

15 al 17 de Enero - Otavalo




Si bien a Otavalo llegamos el 15 a la tarde, no fue mucho lo que hicimos ese día, principalmente, porque era de noche. Fue más bien acomodarnos en el hostal, luego de caminar y buscar uno bien barato (U$S 4). Como verán, fue el primer hostal que pagamos, porque no conseguimos CS disponible en esta ciudad. El otro día, sábado 16, era el que más buscamos desde el momento que planificamos el viaje, porque los sábados hay una gran feria de artesanos en la Plaza de los Ponchos, donde miles de artesanos arman sus puestos y venden sus productos: desde pulseritas, remeras, camperas y gorros, hasta sopas y cerdo para comer.
Más por la tarde, alrededor de las tres, pasamos a buscar a Jonas, un alemán que anda de voluntariado por Ecuador y que habíamos conocido en la caminata mientras buscabamos hostales, y nos acomañó a la cascada Peguche, ya que el conocía el camino para llegar hasta allá. El lugar es muy lindo, no sólo por la cascada sino también por el sendero que te lleva hacia ella. La cascada puede verse desde abajo, una especie de visa panorámica, aunque no tanto, porque la tenes ahi bien cerquita y llegas a mojarte. La otra, es ir por arriba y estar a centímetros de donde comienza la caída. Allí estuvimos también y nos sentamos a descansar un poco, porque nuestras piernas durante todo el día pasaron factura de los miles de escalones que subimos y bajamos en el Santuario de las Lajas. Lo bueno de estas piernas doloridas es que me sirve de pretemporada también! Jaja!

Hablando de pretemporada, el domingo antes de irnos para Quito, fuimos hasta el Lago San Pablo, para lo cual caminamos muchísimo por montañas y rutas, realmente muy cansador. Finalmente estuvimos por ahí cerca del lago con una muy linda vista de la montaña Imbabura, la cual también se observa desde la ruta ya cuando nos fuimos de Otavalo hacia nuestro siguiente destino: Quito, volvemos para el hemisferio Sur!

viernes, 15 de enero de 2010

12 al 15 de Enero - Cali, Pasto e Ipiales



Los días 12, 13 y 14 de Enero podría decirse que fueron más de descanso y de transición para pasar de un país a otro que de disfrute y conocimiento de las ciudadas que tocaba visitar. Sin embargo, pueden destacarse alguna que otra excepción. Lo que respecta a las ciudades recorridas, llegamos a Cali desde Manizales (35000 COP cada uno el pasaje) el 12 de Enero y pasamos el día allí: visitamos el centro, el museo del oro, alguna que otra plaza y así pasando el tiempo hasta las 21.30 que salía nuestro bus hacia Pasto (25000 COP el pasaje).

Si bien el bus no era de lo más cómodo, debo reconocer que prácticamente no dejé de dormir ni un momento durante el viaje. Tal es así que de casualidad me desperté y pregunté a un hombre que se bajaba del bus y me dijo que estabamos en Pasto, justamente nuestro destino. Eran las seis de la mañana.
En Pasto nos recibió Alfredo, también de CS y nos brindó su casa para pasar nuestros días allí. El bienvenidos que se leía en la alfombra de nuestra habitación era el reflejo de la forma en que Alfredo, comerciante y fanático de las matemáticas, recibe a sus huéspedes, a los cuales les deja a disposición un juego de llaves para entrar y salir cuado desearan dado que el trabaja de 8 a 20hs aproximadamente.

Nuestros dos días en Pasto, uno más de lo que estaba planeado porque decidimos esperar respuestasa los mensajes de CS de Ecuador, tuvieron características diferentes a las que venían teniendo. Salvo un rato que anduvimos por el centro, la mayor parte del tiempo fue para recorrer las cercanías del departamento, caminando por la ruta y disfrutando de paisajes de montañas y bosques, hasta de la vista del volcán Galera (4276mts) que hasta hace muy poco tiempo había estado en erupción.

El 15 de Enero fue nuestro último día en Colombia. Ya casi no quedaba sur dentro de los límites de este país cafetero cuando conocimos el Santuario de Las Lajas, construído en conmemoración de la aparición de la virgen: realmente impresionante e imponente.
Fue lo último de nuestro recorrido por Colombia, país que es digno de ser conocido por sus montañas, su café,su gastronomía y por sobre todas las cosas, por la calidez y la amabilidad de su gente. Agradezco de corazón a Jorge, a Jairo, a Tania, a Nico y a Alfredo, nuestros CS en Colombia, todos ellos, junto con sus correspondientes familias, parte inolvidable de este recorrido. En Colombia, de alguna u otra forma, el riesgo estuvo, el riesgo está y el riesgo estará, pero no hay nada tan acertado como esa propaganda que da vueltas al mundo: "El riesgo, es que te quieras quedar".

lunes, 11 de enero de 2010

10 al 12 de Enero - Manizales




Llegamos a Manizales luego de ocho horas de viaje cuando todavía no había amanecido. Por cuestiones de presupuesto compramos el ticket más barato (35000 COP) y eso se tradujo en una gran incomodidad, principalmente para mi. Por otro lado, el clima fue tan cambiante entre frío, calor y lluvia como también lo era la ruta que sigzagueaba para un lado y para el otro en medio de las montañas. No puedo decir mucho del paisaje, vaya a saber uno a qué altura estabamos, pero con la luz de la luna y alguna que otra luz artificual se dejaban apreciar tramos de ruta rodeados de abundante vegetación y otros que bordeaban un precipicio cuyo final era imposible de ver por la oscuridad y la neblina.
Respecto a Manizales, era mayor la ignorancia sobre este destino que lo que sabíamos de esta ciudad de aproximadamente 400 mil habitantes. Entre lo que sabemos, es una de las principales ciudades del eje cafetero colombiano, de una gran feria, del nevado de Ruiz, pero deportivamente hablando, es la ciudad que aloja al recordado Once Caldas de Manizales, aquel equipo que con Henao como su arquero carismático, ganó la Copa Libertadores frente a Boca Juniors, en una final donde bajaban de la tribuna miles de gritos ensordecedores coreando "Sí se puede, sí se puede".
Ya en la ciudad, esperamos por Nicolás, quien nos alojaría en su casa, varias horas en la terminal o el centro porque no habíamos logrado comunicarnos con él. Con un acento distinto al resto de la gente de las ciudades que habíamos visitado, Nicolás hizo honor de la reputación que su querida Manizales tiene: "La ciudad de las puertas abiertas". Así, tanto él como su familia, con amabilidad y gentileza, nos hicieron un lugar en un cuarto de la casa, donde dormimos un rato para recuperar horas de sueño, aquellas que no habíamos tenido durante el viaje.
Al despertar, todo estaba listo para disfrutar del último día de la que se considera la mejor feria de América. Las calles repletas de gente, vendedores y principalmente, mucha fiesta. Nicolás, con simpatía, sin una gota de timidez, y con muchas ganas de rumbear, nos mostó su ciudad: Chipre, el monumento a los colonizadores, la catedral y mucho más. Eso sí, había una condición: hacerle contacto con mujeres argentinas!
Al otro día, la idea era visitar las fincas cafeteras. Para ello, visitamos Armenia (15000 COP cada pasaje), una ciudad a una hora de Manizales. Sin embargo, fue un viaje algo frustrado. En primer lugar, el famoso Parque del Café era casi imposible de ingresar debido a lo caro de la entrada. Entonces, lo que buscamos fue intentar conocer alguna finca para ver plantaciones de café.
Tomamos un bus que luego de un largo recorrido nos dejó en la zona de fincas, tal como nos había indicado una señora en el centro de Armenia. Desafortunadamente no encontramos ninguna finca por allí. Las fincas que encontrabamos no eran cafeteras sino más bien de recreación, con piletas, chanchas de fútbol, etc., solo caminamos y caminamos por la ruta, sin éxito, encontrando por allí alguna que otra planta de café. De todas formas, pudimos apreciar las fincas desde lo lejos en el bus. La zona, totalmente montañosa y con mucha vegetación, alberga plantaciones de café por donde quiera que miren.
Ya no quedaba más tiempo para Manizales, no porque no quisieramos quedarnos, debíamos seguir. El próximo destino: Cali por un poco tiempo y luego Pasto, ya para prepararnos para cruzar a Ecuador.

sábado, 9 de enero de 2010

7 al 9 de Enero - Bogotá DC



Si el clima venía cambiando a medida que avanzábamos hacia el sur de Colombia, en la mañana del 7 de Enero el frío ya se hizo sentir en serio. Esta vez, con las bolsas de dormir al alcance de la mano, no tuvimos mayores problemas para enfrentarlo durante el viaje.
Llegamos a Bogotá alrededor de las ocho de la mañana tras casi ocho horas de viaje desde Bucaramanga. Lo primero que hicimos fue tomar un bus hasta la casa de nuestro CS en el distrito capital, en un barrio muy lindo, moderno y por sobre todas las cosas, comercial.
Bogotà se presentó como la típica ciudad capital. Con casi nueve millones de habitantes, el tránsito es denso y más aún en los lugares donde se están realizando obras viales, los vendedores ambulantes abundan y están "a la orden" y la gente colma las calles yendo y viniendo de un lado a otro, como si el entorno no interesara.
No mucho tardamos en acomodar nuestro equipaje en la casa y salir a recorrer. Lo primero que conocimos fue el centro histórico, el barrio La Candelaria con todos sus museos y los principales edificios de la ciudad. Para más detalles, visitamos la Casa de la Moneda dependiente del Banco de la República, con elementos antiquísimos que datan de los comienzos del comercio y la acuñación de monedas en Colombia. Entre otros, también visitamos el Museo de Arrte, donde se exponen trabajos de Monet, Matisse y Picasso, entre otros, y fundamentalmente las obras de Fernando Botero, quien pinta animales y personas gordas, como por ejemplo la Monalisa gorda!!!
Más tarde, la oficina de Turismo organizó una caminata guiada gratuita en la cual tuvimos la suerte de entrar al Capitolio Nacional, hasta el Salón Elíptico, donde se debaten y sancionan las leyes en Colombia. También conocimos por fuerta la residencia presidencial, el Ministerio de Hacienda y varios lugares que rodean la plaza principal, la Plaza Bolívar.
Por último, ya de vuelta en casa y luego de cenar, una amiga de Carlos, nuestro CS, nos llevó a recorrer en auto la ciudad. Un lugar muy lindo fue La Calera, un cerro desde donde se observa toda la ciudad iluminada y gran cantidad de aviones que aterrizan y despegan a cada momento, común en una ciudad capital.

A pocos kilómetros de Bogotá se encuentra la catedral de sal subterránea Zipaquirá. Para llegar hay que tomar el Transmilenio hasta la última parada: Portal Norte. Desde allí hay que tomar un bus hasta el pueblo, por unos 3500 COP. Ya refiriendo a la catedral, la entrada cuesta 17000 COP e incluye un video 3D al final de la visita guiada. La Catedral que ahora se visita es una reconstrucción dado que la original fue cerrada en 1992 por tener problemas estructurales en la construcción. Obviamente, ese detalle entre todo lo que comentó el guía, hizo perder un poco el encanto de estar en lo que, según comentó el guía era la octava maravilla del mundo. Sin embargo, no hay que desmerecer el trabajo que se hizo y lo emocionante que es llegar a estar 182 metros bajo tierra por galerías de sal y construcciones con motivos religiosos, como la cruz subterránea más grande del mundo, que complementado con luces de distintos tipos dan una sensación de asombro y misterio.

El resto del tiempo fue para compartir charlas, relatos de leyendas, mates y café con la gente de la casa. El próximo destino es Manizales en el eje cafetero de Colombia.

miércoles, 6 de enero de 2010

4 al 6 de Enero - Bucaramanga




El 3 de Enero, luego de la playa en el Rodadero y después de organizar nuestras mochilas, fuimos a la terminal de Santa Marta para tomarnos un bus con destino a Bucaramanga pero como no conseguimos inmediatamente tuvimos que esperar como 3 horas porque el único bus con asientos disponibles para ese día salia a las 21.45 por la empresa Copetran (90000 COP cada uno).
Llegamos a Bucaramanga a las 6.30 de la mañana. Hizo mucho frío en el viaje producto de lo fuerte que ponen el aire acondicionado. Algo nos habían prevenido acerca de eso, pero pensamos que con una camperita ya lo ibamos a pasar: no fue así. Pasamos mucho frío e intentamos taparnos con una toalla que teníamos a mano en la mochila.
Bucaramanga se nos presentó muy diferente a las ciudades del Caribe colombiano: la ciudad es limpia, el tránsito es mucho más organizado, con dos vías separadas, una para cada mano, en muchas de las calles de la ciudad; una ciudad con mucho verde, árboles por todos lados y con un paisaje montañoso. Tania, nuestra CS, nos dijo que Bucaramanga es el mejor "vividero" de Colombia, y un cartel en el centro de la ciudad intenta convencerte: "Bucaramanta, la ciudad bonita de Colombia".
Como dije antes, aquí nos recibió Tania, en FloridaBlanca un pueblo a 10 min de Bucaramanga. Luego de la presentación de cada uno de los integrantes de la familia, la madre nos llevó al centro de Floridablanca y nos hizo probar las obleas, deliciosas y muy dulces!!!. Por la tarde, visitamos Girón, un pueblo a pocos minutos de aquí, cuyo estilo colonial intenta mantenerse en varios rincones, con calles empedradas, balcones, ventanas con rejas y grandes puertas. Luego vistamos el centro de Bucaramanga, la plaza principal y Tania nos invitó a comer hamburguesas en el Garage dentro del shopping Florida.
Para el final del día, cuando volvimos a la casa, el desafío fue probar las hormigas culonas. No son ricas, pero tampoco son feas: era el desafio y lo pasamos.
Al día siguiente intentamos ir a unas cascadas cerca de la casa de Tania pero mientras ibamos en camino nos dijeron que a eso de las 10 am era posible que nos atraquen asi que decidimos no subir y hacerlo en un horario más seguro. Entonces volvimos a la casa y presentamos nuestro desafío a la familia: probar el tradicional mate rioplatense. Solo a Nubia, la madre de Tania, le gustó, al resto no.
Más por la tarde volvimos al centro de Bucaramanga, esta vez, a la zona de cafés, Cabecera. En primer lugar, estuvimos por la Parque de las Palmas, recorriendo y sacando fotos. Luego, volvimos a degustar un riquísimo Juan Valdez en el centro comercial Cabecera 4ta etapa.
Ya casi de noche, Tania nos invitó una cerveza Club Colombia en uno de los bares de la zona. Allí también llegaron otros CS de Barranquilla y de Bucaramanga y fue momento de compartir experiencias y chismes de la comunidad de Couch Surfing. Cuando surgen estas reuniones uno se da cuenta de lo enorme que es la comunidad, las cosas maravillosas que se pueden lograr con CouchSurfing y lo lindo que es para uno el hecho de conocer gente de todo el mundo, no sólo para intercambiar experiencias, culturas, etc. sino principalmente para hacer amigos por todos los rincones del mundo.
Ya 6 de Enero, bien temprano nos levantamos para visitar el mirador del Cañon de Chicamocha. Para llegar, debe tomarse un bus desde Pie de cuesta cuyo precio es de 5000 COP o más. Uno puede contratar el servicio que viaja hasta allí o bien contratar por su parte el servicio, principalmente cuando el grupo de persona son muchas. Desde el mirador se observa la grandeza del lugar, los movimientos del relieve, las rutas que atraviesan las montañas, el río y la inmensa cantidad de árboles que tiñen de verde el paisaje. Desafortunadamente no ingresamos al Parque Nacional Chicamocha porque debíamos volver a tiempo para hacer parapente. Finlmente no hicimos ni una ni otra cosa porque de tan cansados que estabamos nos quedamos dormidos y no llegamos a tiempo para hacer parapente.
Lo último de nuestra estadía en casa de Tania en Bucaramanga, previo a viajar a Bogotá, fue preparar pizzas caseras para todos. Obviamente, Nico fue quien las hizo y yo colabore ayudando en la elaboración y también con el diseño y presentación de las pizzas. Fue muy lindo conocer esta ciudad y sinceramente, nos quedamos con ganas de conocer más cada rincón, principalmente de hacer turismo aventura. Sin embargo nos fuimos muy contentos, porque más allá de la hermosura de la ciudad y el paisaje que la rodea, la calidez y la amabilidad de Tania y su familia nos hicieron sentir parte de ellos.

domingo, 3 de enero de 2010

30 de Diciembre al 3 de Enero - Santa Marta




Cuando llegamos del Parque Tayrona intentamos ir caminando a casa de Jairo, nuestro Couch en Santa Marta. Sin embargo, la gente no fue tan buena para darnos indicaciones y terminamos yendo para el otro lado. Al final, tuvimos que tomarnos una moto cada uno que nos lleve directamente a la casa, aunque ninguno de quienes manejaban sabía bien cómo llegar.

Esa tarde acompañamos a Jairo a realizar los preparativos para la fiesta sopresa de despedida de su hermana Alejandra, quien se iba a Canadá a estudiar. Así que primero lo acompañamos al shopping a comprarse alguas ropas y allí nos invitó a tomar un café helado Juan Valdez. Esta marca es algo así como un Starbucks colombiano, una cooperativa de los caficultores, "con el objetivo de crear una cadena mundial de tiendas de café que les permita obtener mayor valor agregado".

Por la noche nos dirigimos a la casa donde la fiesta se realizó y allí cenamos unas salchichas envueltas en masa de empanadas y unas "mini empanaditas" de pollo. Lo llamativo de esa noche fue la forma en que los jóvenes tienen para tomar. Lo que nosotros en Argentina conocemos como "previas" en que cada uno se sirve las bebidas que toma, las cuales son generalmente cocteles, aquí una persona con la botella de whisky o agua ardiente pasa por cada uno de los invitados y le sirve una medida de la bebida. Así una y otra vez, cada tanto. Luego de un rato fuimos a los boliches que se encuentran el la Plaza de los Novios, donde estuvimos hasta aproximadamente las 4 de la mañana.
El otro día era el de festejo de año nuevo. Por la noche cenamos un arroz con almendras y pasas de uva, con papas con crema y queso y unos arroyaditos de pollo. Luego del saludo de año nuevo pasada la medianoche, nos fuimos a casa de la hermana mayor de Jairo en donde por las calles sonaban bandas de música típica de Colombia: el vallenato. La modalidad fue la misma, tragos de whisky Old Parr que nos invitaba cada una de las personas a las que eramos presentados, muchas preguntas acerca de Argentina, recomendaciones de lugares que deberíamos visitar y por sobre todas las cosas, si recordabamos el 5-0, recuerdo histórico e imborrable para el pueblo colombiano.

El 2010 comenzó un tanto aburrido, principalmente porque la mayoría de los locales estaban cerrados. En primer lugar, visitamos el monumento al "pibe" Valderrama, nativo de esta ciudad. Luego, fuimos un rato por el centro y la costa de Santa Marta pero no había mucho más que vendedores de artesanías por las calles y la gente en la playa. Pudimos ver la Catedral de Santa Marta, que es la más antigua de Sudamérica, pero no es tan linda: que sea la más antigua no implica que sea la mejor. Además, la gente ayudaba para que no pudieramos encontrar dónde quedaban los shoppings cuando quisimos ir caminando; sigo insistiendo que la gente no tiene mucha idea de las calles de su propia ciudad.
De vuelta en la casa de Jairo, luego de refrescarnos un poco, volvimos a salir con intención de visitar el Ocean Mall, un shopping cerca de la casa: eran las ocho de la noche y estaba cerrado, no entendíamos nada, era muy raro. En fin, fue otro dia tranquilo, sin sobresaltos de organización de la forma en que nuestro viaje iba a continuar y de contacto con familiares y amigos por MSN.

Al día siguiente volvieron las ganas de disfrutar la playa, entonces decidimos ir a la playa de Taganga, un pueblo de pescadores, a pocos minutos del centro de Santa Marta yendo en buseta por 1200 COP cada uno. Luego de estar sobre la orilla charlando por varios minutos, decidimos almorzar, un tanto temprano, los sandwiches de mortadela que habíamos comprado en el supermercado, pero no habíamos desayunado. La tarde pasó entre momentos de descanso en la arena, zambullidas en el mar (muy frío) y fotos. También caminamos un poco por la calle de la costanera donde compramos jugos de maracuyá y sapote a los vendedores ambulantes a 2500 COP cada uno. Poco más de las tres de la tarde, volvimos a Santa Marta para recorrer el centro que el día anterior practicamente no tenía vida. La ciudad era otra: mucha más gente paseando, locales abiertos de todo tipo, ferias de artesanos, hasta un crucero que estaba haciendo su parada en el puerto de Santa Marta. Afortunadamente había resucitado Santa Marta para mostrarnos su mejor cara el anteúltimo día de estadía aquí: más vida, más movimiento, otra ciudad respecto a la que nos había mostrado los días anteriores.
Lo último del día fue visitar el Ocean Mall, ahora sí abierto. El objetivo principal era tomar café Juan Valdez: esta vez probamos un capuccino y nuevamente el café Nevado Mocachip, una delicia. De recuerdo quedan algunas servilletas y el vasito con el logo.
El 3 de Enero disfrutamos un poco más de la playa. Era nuestro último día en el caribe colombiano. Próximo destino: Bucaramanga.