Luego de los trámites en frontera y de una serie de conexiones entre ciudades, llegamos a Trujillo el 2 de Febrero cerca de las ocho de la noche. Nuestra parada allí nunca fue planificada y respondió más bien a la necesidad de acortar el viaje a Lima y principalmente, a disfrutar nuestro último día de playa.
Por recomendación de Manuel, un muchacho que conocimos en Otavalo y que compartimos la excursión a la selva en Puyo, llegamos a casa de Abraham, también por CS. Allí, por sorpresa, nos encontramos que Justin, un joven de California que habíamos conocido en Pasto, y que se estaba alojando en la misma casa en donde pararíamos nosotros.
Como dije, el objetivo era la playa así que al otro día nos fuimos a la playa de Huanchacho. No era muy linda, la tierra dejaba su marca en nuestros pies y el mar estaba con bastantes piedras que hacían dificultosas las pisadas y hacían perder el equilibrio al momento de meterse. Estuvimos en la playa aproximadamente cuatro horas con Nico y Justin, caminando, refrescándonos y tomando sol. Así terminamos, bastante quemados!
Más por la tarde, ya con la compañía de Abraham, caminamos por el centro de Trujillo y la plaza de armas, observando cómo las casas que rodean la plaza mantienen la fachada colonial a pesar de albergar diversos locales comerciales.
Sin más tiempo disponible y apretados por el calendario para llegar a tiempo a Lima, salimos a las 23hs rumbo a la capital peruana, donde disfrutaríamos nuestros últimos dos días de viaje. Así, llegamos a Lima a las seis de la mañana, con los primeros síntomas de un tránsito que con el pasar de las horas se transformaría en un caos total. Sin mucho por hacer y para no molestar tan tempranamente a nuestro Couch en Lima, Edison, pasamos las horas navegando por Internet y realizando algunas compras.
Más tarde, con indicaciones precisas, llegamos a casa de Edison nuestro último hogar del viaje. Desde un primer momento, Edison estuvo a nuestra disposición para mostrarnos su ciudad desinteresadamente y con la única intención de hacernos sentir como en su casa y que disfrutáramos mucho el final de este viaje inolvidable. Luego de acomodarnos, ducharnos y acomodar un poco las mochilas, salimos por la tarde a recorrer la peatonal, la plaza de armas y lo que se llevó todos los laureles, el Circuito Mágico del Agua.
Es increíble desde cualquier punto de vista. Con sólo pensar que la entrada cuesta cuatro soles, la primera impresión es que el parque no valdrá mucho la pena. Sin embargo, es el parque de aguas danzantes más grande del mundo. Fuentes de todo tipo se observan a lo largo de los caminos que guían de un lado a otro. Alguna más elegante que otra, con diversos tamaños y colores, los chorros de agua se mueven al compás de la música, sea cual sea el ritmo que se les imponga: La camisa negra (Juanes), Waterloo (ABBA), We will rock you (Queen), Himno a la Alegría, entre otras. Eso no es todo; el show de rayos láser combinados con las aguas danzantes dan el toque final a una presentación que ameritaba ser vista cuidadosamente cada minuto y sin pestañar porque no dejaba de sorprendernos.
Por último, y ya en nuestro último día de viaje, recorrimos el Barrio Chino, Miraflores y Barranco, en donde degustamos Pisco Sour en algunos puestos que festejaban la Fiesta del Pisco Sour que comenzaba a desarrollarse ese fin de semana. Eso fue lo último que visitamos antes de volver a casa de Edison, terminar de armar las mochilas y tomar el vuelo de regreso a Argentina.
Fueron cuarenta y cuatro días de viaje por Colombia, Ecuador y Perú, conociendo las ciudades de Cartagena de Indias, Santa Marta, Bucaramanga, Bogotá, Manizales, Armenia, Cali, Pasto, Ipiales, Otavalo, Quito, Baños, Puyo, Manta, Puerto López, Montañita, Salinas, Guayaquil, Trujillo y Lima. Es cierto que quien mucho abarca, poco aprieta, pero quizás si hubiéramos visitado más tiempo por ciudad, nos hubiéramos perdido de conocer otras, por eso, tratamos de distribuir los días conociendo algunos lugares, resignando de otros. Quedan miles de fotos, anécdotas y recuerdos en la memoria y por sobre todas las cosas, amistades.
Es momento de despertar de este sueño y volver a la realidad. Un sueño que tiene nombre propio y poco a poco, año tras año va completando sus capítulos. Con diferentes paisajes, diferentes historias y diferentes protagonistas, es el sueño de recorrer Latinoamérica, esta tierra que con todos los defectos que uno le puede encontrar está siempre dispuesta a recibir viajeros de todas partes del mundo, sin distinción de raza ni color.
Antes de finalizar, un inmenso agradecimiento a Nico, mi compañero de viaje, y a su familia. En primer lugar, porque me recibieron en Jesús María durante los días previos y posteriores a los vuelos del avión, brindándome su casa con toda hospitalidad y haciéndome sentir bienvenido desde el 21 de Diciembre que llegué a su casa. En segundo lugar, porque si no fuera por Nico, no sé si este viaje lo hubiera realizado, simplemente por no querer viajar solo. Le agradezco haberse animado a viajar con un desconocido. Le agradezco por las eternas charlas por MSN coordinando fechas, lugares e información de todo tipo al momento de organizar el viaje. Por aguantar esos días de incertidumbre cuando corría riesgo mi viaje. Por soportar casi cincuenta días de convivencia con mis incomodidades, mis quejas, mis malos humores y mis enojos. Por aceptarme como "economista" del viaje, que controlaba los gastos para no pasarnos y llegar bien con el presupuesto al final del viaje. Por hacerme adicto al café, y principalmente, porque es una persona con un corazón enorme y fue un gran gusto haberlo conocido. Por todo esto, mis mejores deseos para todos ellos y estoy segurísimo que esto no termina acá, sino que, como dice la canción, "nunca hay un adiós total, siempre es un "nos volveremos a ver", en algún lugar del tiempo". "No hay olvido cuando existe la amistad y el respeto". Está claro, es el comienzo de una gran amistad entre todos nosotros.
Un brindis: Salud y Bienvenidos a Argentina!






















































