Bien temprano nos levantamos el 28 de Diciembre para viajar hacia Santa Marta. El bus nos costó 22.000 COP y llegamos aproximadamente al mediodía. En el camino tuvimos algunos inconvenientes. Por ejemplo, en Barranquilla el bus rompió el aire acondicionado y tuvimos que cambiar de unidad. Por suerte en otro que justo salía, había dos plazas disponibles asi que las ocupamos Nico y yo.
Al llegar a Santa Marta, el calor nos recibió nuevamente, cargamos nuestras mochilas al hombro y luego de llamar a Jairo,nuestro couch averiguamos en la terminal el precio del pasaje hacia nuestro próximo destino que era Manizales.No sale nada desde allí, por lo que vamos a cambiarlo: iremos a Bogotá o a Medellín desde aquí.
Finamente tomamos un taxi hasta la casa de Jairo. Lo primero que hicimos luego de dejar nuestras mochilas, fuimos al supermercado a hacer algunas compras para nuestros almuerzos de los próximos días, ya que inmediatamente nos fuimos para el parque Tayrona. Para llegar al parque tomamos un taxi hasta el Mercado de la ciudad que nos costó unos 4000 COP y desde allí un transporte público por otros 4000 COP cada uno que nos dejaría en el Zaíno, la entrada principal al Parque NAcional Tayrona. Nos habían dicho que la entrada costaba unos 13000 COP, sin embargo, para extranjeros nos valío 34000 COP. Ya un primer dolor de cabeza tuvimos dado que no lo esperabamos y era un dinero que se excedía demasiado de lo que teníamos presupuestado. Una vez, pasada esta situación, tomamos un bus por 2000 COP hasta el "parqueadero" y desde allí comenzó una larga y dura caminata hasta la primer playa, Arrecifes. Son más de cuarenta minutose a través de la selva que forma parte del parque, por angostos caminos que, además de estar muy embarrados por las lluvias de los días anteriores, estaba repleto de bosta de los caballos que llevan las mercaderías a los campings de la costa o a la gente que no quiere caminar. Así y todo, llegamos a Arrecifes, el primer camping, pero en el cual no se puede acampar fundamentalmente poruqe no es una playa apta para meterse en el mar. Sin embargo, mucha gente lo hace allí por su cercanía a La Piscina, la playa vecina. Nuestra caminata siguio por otros treinta minutos más aproximadamente hasta la parada del camping El Cabo San Juan del Guía, más caro que el de Arrecifes, pero con playa apta para bañarse. Allí acampamos por 15000 COP cada uno la noche. Inmediatamente después de armar la carpa, tomamos unos mangos de nuestra compra y junto con las mortadelas y los panes, almorzamos, Si!!! eran aproximadamente las 17.30hs y recién estabamos comiendo por primera vez en el día desde que salimos de Cartagena.
Lo que continuó por ese día no fue mucho porque la noche llegó al instante. Sin embargo, al otro día comenzamos a explorar las playas. Durante la mañana fue más bien tiempo de caminatas por el parque dado que estuvo nublado. A medida que el sol fue asomando, comenzamos a aprovechar las vistas increibles que el parque facilita a los turistas y más tarde, aprovechamos el mar, que no se compara con la claridad y la calidez de la Playa Blanca, pero su encanto está en la combinación de dos ecosistemas, playa y selva, que le da un toque exótico y lo pone en otra categoría respecto de las playas convencionales.
Más tarde, levantamos campamento y nos dirigimos hacia Arrecifes. En el camino paramos un rato a descansar en La Piscina y conocimos a una señora con su hijo Carlos, quienes luego de unas charlas nos ofrecieron ayuda en Bogotá, para cuando estuvieramos allá. La Piscina es una playa donde el mar se explica por su nombre. Es muy tranquilo, casi sin olas por la existencia de una barra de coral que disminuye la intensidad de las olas que provienen del mar abierto.
El día 30 de Diciembre no nos recibió de la mejor forma: una intensa lluvia nos despertó por la madrugada y ya la carpa empezaba a ceder y algunas gotas comenzaban a mojarnos. La lluvia se intensificó, nos mojamos todos y hasta se había formado un charquito en nuestra carpa, las bolsas de dormir estaban mojadas, y nuestros cuerpos aún más, pero por suerte el calor hizo que fuera una situación manejable. Era nuestro último día en el Tayrona y más que despedirnos, el Parque parecía que nos echaba a baldazos de agua.
Así y todo, levantamos campamento y nos dirigimos hacia una playa intermedia entre Arrecifes y la Piscina, que suele ser muy tranquila pero por el viento que había estaba muy picada. Fue cuestión de pasar un rato hasta que llegó la hora de marcharnos hacia la ciudad nuevamente.
Lo que continuó por ese día no fue mucho porque la noche llegó al instante. Sin embargo, al otro día comenzamos a explorar las playas. Durante la mañana fue más bien tiempo de caminatas por el parque dado que estuvo nublado. A medida que el sol fue asomando, comenzamos a aprovechar las vistas increibles que el parque facilita a los turistas y más tarde, aprovechamos el mar, que no se compara con la claridad y la calidez de la Playa Blanca, pero su encanto está en la combinación de dos ecosistemas, playa y selva, que le da un toque exótico y lo pone en otra categoría respecto de las playas convencionales.
Más tarde, levantamos campamento y nos dirigimos hacia Arrecifes. En el camino paramos un rato a descansar en La Piscina y conocimos a una señora con su hijo Carlos, quienes luego de unas charlas nos ofrecieron ayuda en Bogotá, para cuando estuvieramos allá. La Piscina es una playa donde el mar se explica por su nombre. Es muy tranquilo, casi sin olas por la existencia de una barra de coral que disminuye la intensidad de las olas que provienen del mar abierto.
El día 30 de Diciembre no nos recibió de la mejor forma: una intensa lluvia nos despertó por la madrugada y ya la carpa empezaba a ceder y algunas gotas comenzaban a mojarnos. La lluvia se intensificó, nos mojamos todos y hasta se había formado un charquito en nuestra carpa, las bolsas de dormir estaban mojadas, y nuestros cuerpos aún más, pero por suerte el calor hizo que fuera una situación manejable. Era nuestro último día en el Tayrona y más que despedirnos, el Parque parecía que nos echaba a baldazos de agua.
Así y todo, levantamos campamento y nos dirigimos hacia una playa intermedia entre Arrecifes y la Piscina, que suele ser muy tranquila pero por el viento que había estaba muy picada. Fue cuestión de pasar un rato hasta que llegó la hora de marcharnos hacia la ciudad nuevamente.









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