domingo, 27 de diciembre de 2009

27 de Diciembre - Cartagena de Indias


Y si, como dije antes, volvimos a Cartagena, una ciudad con una alegría increible. La música suena a toda hora, la gente baila, se ríe y disfruta cada día de la mejor manera y con alegría como si nada más importara, solo pasarla bien. Los vendedores ambulantes ríen, los policías son muy gentiles, hasta los choferes y la gente de las "busetas urbanas" hacen sentir al turista como parte de ellos a tal punto que sólo de escucharnos preguntar cómo hacer para llegar a tal o cual lugar, ellos interrumpen la conversación para darnos su ayuda. Así se vive en Cartagena, con 30 grados y mucha humedad, con gente que está "a la orden" como ellos dicen a medida que vas pasando por sus puestos de venta.
Era el último día que teníamos para recorrer Cartagena antes de partir para Santa Marta. Amanecimos sin despertador a eso de las siete de la mañana y no pasaban las 8 que ya estábamos en el cento histórico sacando fotos y fotos. El calor agobiaba, pero recorrimos la ciudad amurallada y cada una de sus angostas calles, coloridas y con sus balcones típicos. Allí, visitamos el museo del Oro, el Camellón de los Mártires, los cañones sobre la muralla, la Plaza de los Coches, la Catedral, el Palacio de la Gobernación, etc.
Luego, pasando el mediodía, nos fuimos a Bocagrande, que es la parte más moderna de la ciudad. A mi parecer, esta parte de la ciudad no tiene nada de otro mundo, sino que se limita a locales de comida tipo McDonald`s a una cuadra de la playa. Según lo que nos comentó el padre de Jorge, nuestro couch, es muy al estilo norteamericano, con estos locales sobre una calle que los separa de la playa.
En Bocagrande almorzamos, pero los precios eran bastante superiores a lo que estábamos dispuestos a pagar. La solución fue entrar a un supermercado y comprar un poco de mortadela de pollo, panes y una botella de agua, todo por poco más de 6000 COP. Aquí fue que compramos nuestro souvenir de Cartagena: una remera cada uno con una estampa de la ciudad, que luego de un eficaz regateo conseguimos dos a 20.000 COP cuando ese era el precio para sólo una unidad.
Sin mucho que recorrer por estos lados, volvimos a casa de Jorge. Le entregamos nuestro regalo (mate y bombilla) por su gentileza de darnos alojamiento durante estos días. El nos entregó un libro sobre Cartagena, que luego tendremos que sortear con Nico para ver quién se lo queda. Seguidamente, le enseñamos el ritual del mate, pero debido al calor solamente tomamos tereré con jugo de ananá (piña). Sin embargo, para que realmente pruebe el mate argentino, calentamos un poco de agua en una olla, y luego la servíamos de a tasitas en el mate porque no tenían ni pava ni termo. Más tarde, se sumó el padre de Jorge, y en el comedor de su casa comenzó a las cinco de la tarde una charla sobre música, cine, política, economía, deporte, guerrillas y varios otros temas, que se prolongó hasta las once, luego de que también les hicieramos probar el mate y ellos nos invitaran la cena: arroz chino (con camarones, pollo, etc.).

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