Amigos viajeros: Luego de 43 días he regresado de un viaje inolvidable y como fue tanta la ayuda que ustedes me dieron con recomendaciones sobre alojamientos, excursiones y lugares a visitar, me tomé el trabajo de apuntar algunos datos que pueden llegar a servirles para planificar sus próximas vacaciones. Es por eso que en estos relatos voy a dejar información detallada sobre los precios, alojamientos recomendados para poder ayudarlos con datos actualizados. Espero que les sirva.
Nuestro viaje comenzó mucho antes que el 19 de Diciembre, día en que partimos realmente. Lo digo así porque la ansiedad nos invadió mucho antes que esa fecha a tal punto que nos reuníamos para navegar por Internet y ya adentrarnos en lo que iba a ser nuestra aventura.
Ahora sí, el 19 de Diciembre a las 16hs salimos de nuestra ciudad, Bahía Blanca, rumbo a San Salvador de Jujuy, combinando por Santa Rosa y Córdoba capital. El viaje lo hicimos por la empresa Plusultra Mercobus y fue tranquilo, sin sobresaltos, viendo como de a poco cambiaban los cultivos y principalmente los paisajes a medida que avanzábamos por la ruta.
Luego de 33hs llegamos a San Salvador de Jujuy. Eran las 22hs y un clima espectacular. No había viento (en Bahía sobra) y así buscamos en nuestro mapita de la ciudad cómo llegar hasta el hostal. Nos alojamos en el Hostel Club perteneciente a la cadena de Hostelling Internacional y pagamos $140 por una habitación triple. Seguramente ustedes dirán puff! Que caro, y la verdad tienen razón, pero nosotros lo contratamos por Internet y nos daba un poco de miedo llegar de noche a una ciudad que no conocíamos. Ahora, después del viaje, sin duda que no me molestaría llegar de noche y caminar por San Salvador de Jujuy en busca de un hostal más barato porque la ciudad es súper tranquila y en esa zona de la Terminal y el centro no hay inseguridad. Pero bueno, ya lo habíamos pagado y lo aprovechamos: usamos la pileta de noche, y al otro día también, los baños son muy limpios como lo es todo el hostal, tienen agua caliente y hasta incluye el desayuno, todo un lujo empezar así el viaje!!!
El día 21 de Diciembre nos levantamos temprano y recorrimos el centro de San Salvador. Era domingo, no había mucho para hacer, pero fuimos a sacarnos algunas fotos al puente del río Grande por la Plaza central y también visitamos el museo de la Policía. Antes de partir rumbo a Purmamarca, otro chapuzón en la pileta para calmar el calor.
El pasaje a Purmamarca nos salió $7.50 por Evelia S.A. Es hermoso cuando estás entrando al pueblo cómo se te aparece el Cerro de los Siete Colores, sin duda el mayor atractivo del lugar. Purmamarca es una fusión de algo inmenso con algo muy pequeño y remoto. Creo que no tiene más de 15 manzanas, pero la grandeza de su paisaje lo disimula y es por eso que es principal destino turístico para quienes visitan el norte argentino. Nos alojamos en una habitación con dos cuchetas en la que pagamos $15 cada uno. Salía $25, pero como no andaba el calefón nos bajó el precio.
Nuestro viaje comenzó mucho antes que el 19 de Diciembre, día en que partimos realmente. Lo digo así porque la ansiedad nos invadió mucho antes que esa fecha a tal punto que nos reuníamos para navegar por Internet y ya adentrarnos en lo que iba a ser nuestra aventura.
Ahora sí, el 19 de Diciembre a las 16hs salimos de nuestra ciudad, Bahía Blanca, rumbo a San Salvador de Jujuy, combinando por Santa Rosa y Córdoba capital. El viaje lo hicimos por la empresa Plusultra Mercobus y fue tranquilo, sin sobresaltos, viendo como de a poco cambiaban los cultivos y principalmente los paisajes a medida que avanzábamos por la ruta.
Luego de 33hs llegamos a San Salvador de Jujuy. Eran las 22hs y un clima espectacular. No había viento (en Bahía sobra) y así buscamos en nuestro mapita de la ciudad cómo llegar hasta el hostal. Nos alojamos en el Hostel Club perteneciente a la cadena de Hostelling Internacional y pagamos $140 por una habitación triple. Seguramente ustedes dirán puff! Que caro, y la verdad tienen razón, pero nosotros lo contratamos por Internet y nos daba un poco de miedo llegar de noche a una ciudad que no conocíamos. Ahora, después del viaje, sin duda que no me molestaría llegar de noche y caminar por San Salvador de Jujuy en busca de un hostal más barato porque la ciudad es súper tranquila y en esa zona de la Terminal y el centro no hay inseguridad. Pero bueno, ya lo habíamos pagado y lo aprovechamos: usamos la pileta de noche, y al otro día también, los baños son muy limpios como lo es todo el hostal, tienen agua caliente y hasta incluye el desayuno, todo un lujo empezar así el viaje!!!
El día 21 de Diciembre nos levantamos temprano y recorrimos el centro de San Salvador. Era domingo, no había mucho para hacer, pero fuimos a sacarnos algunas fotos al puente del río Grande por la Plaza central y también visitamos el museo de la Policía. Antes de partir rumbo a Purmamarca, otro chapuzón en la pileta para calmar el calor.
El pasaje a Purmamarca nos salió $7.50 por Evelia S.A. Es hermoso cuando estás entrando al pueblo cómo se te aparece el Cerro de los Siete Colores, sin duda el mayor atractivo del lugar. Purmamarca es una fusión de algo inmenso con algo muy pequeño y remoto. Creo que no tiene más de 15 manzanas, pero la grandeza de su paisaje lo disimula y es por eso que es principal destino turístico para quienes visitan el norte argentino. Nos alojamos en una habitación con dos cuchetas en la que pagamos $15 cada uno. Salía $25, pero como no andaba el calefón nos bajó el precio.
Ese mismo día, visitamos Salinas Grandes. En el mismo lugar donde te dejan los colectivos hay taxis que te ofrecen la excursión. Nosotros pagamos uno para nosotros solos a $120 (éramos 3). Lo bueno fue que a eso de las 5 de la tarde le dijimos si podíamos salir y salimos ahí en el momento. También está la opción que sale $30 por persona pero vas con otros turistas en una combi y el horario lo pone el chofer y no se puede cambiar. El salar es lindo, de todas formas no tiene comparación con el de Uyuni que visitaríamos mas adelante. Podés visitar los piletones con agua, los montículos de sal y un restaurante que cuando fuimos estaba cerrado por ser domingo.
El siguiente destino fue Tilcara, a donde llegamos con un colectivo de la misma empresa Evelia S.A por el cual pagamos $2 cada uno. Tilcara es como el resto de los pueblos del NOA, muy pequeño. Allí acampamos en el camping “El Jardín” pagando $10 cada uno por noche. Sin dudar lo primero que hicimos fue visitar el Pucará Tilcara y no pagamos entrada porque de casualidad era lunes y la entrada es libre y gratuita esos días. Con un guía al que se le pagaba una propina que nos comentaba detalles del lugar, recorrimos varios sitios ahí dentro y pudimos fotografiarnos con los cardones inmensos que hay por los caminos. Lo único malo de allí fue que me enteré que era una reconstrucción y no era original, pero bueno, todo no se puede pedir. Por la tarde visitamos algunos museos y pasamos el rato en la plaza principal. A la noche, unas papas y batatas a la parrilla y a dormir.
Al otro día nos recibiría Humahuaca.
Era 23 de Diciembre y llegamos cerca de las 10 de la mañana e inmediatamente buscamos donde alojarnos. Encontramos un camping (“Bella Vista”) cruzando el puente y ahí nos quedamos. Era sencillo, con mesitas y sillas, algún que otro fogón y baños amplios. Pagamos cada uno $8 por noche. Al mediodía compramos unos pedazos de carne y Leo los hizo a la parrilla. Por la tarde, la típica recorrida por el pueblo. Vistamos el monumento a los héroes de la independencia, la calle de los enamorados, la calle más angosta, la catedral, la municipalidad en donde podés ver al Santo que sale a las 12 del mediodía (para lo cual llegamos tarde), todo esto acompañados por un niño que nos hizo de guías a cambio de una propina. Ya anocheciendo nos metimos en el restaurante de la Terminal de Ómnibus para ver el partido de Boca-Tigre y probar la cerveza Norte.
Amanecimos temprano al otro día. Salíamos rumbo a Iruya para festejar Navidad allí. El pasaje Humahuaca-Iruya costó $12 con transporte Iruya S.A. Al llegar a la plazoleta muchos te ofrecen alojamiento. Nosotros fuimos al Hostal Clarisa, subiendo por esa misma calle de la plazoleta donde te dejan los buses bien hasta arriba, una casa blanca con detalles en celeste. Pagamos $10 cada uno porque teníamos nuestras bolsas de dormir y nos tiramos sobre el colchón. Si usas las sábanas el precio es $15. Le preguntamos a Mirta, la encargada, si podíamos darle algo más de dinero para pasar Navidad junto a ellos y no tuvo problemas. También invitamos a Franz, un profesor de guitarra alemán que estaba de viaje solo. Esa misma tarde, recorrimos el pueblo, de por sí agotador por la pendiente de sus calles. Así fue que visitamos el mirador, la plaza principal y caminamos por ahí. Ya en la cena de Navidad, el esposo de Mirta preparó carne de cerdo y vaca a la parrilla al cual acompañamos con unas ensaladas y algunas salsas picantes típicas del lugar. Cerca de la medianoche, destapamos las sidras y abrimos los pan dulces para brindar. Algo que nos llamó la atención fue que los chicos de la familia no preguntaron por Papa Noel y no recibieron regalos. Por eso, les dimos todos nuestros caramelos para dibujarles una sonrisa por un momento. Poco más tarde, nos fuimos al hostal de al lado para festejar con Maud (Francia), Andrea (Italia) y otros turistas que habíamos conocido a la tarde.
Al otro día teníamos planeado ir a San Isidro, un pueblito al que se llega por una caminata de 4hs aproximadamente bordeando el río. Como nos levantamos tarde, no pudimos llegar a destino puesto que no ibamos a pasar la noche ahí y ya para el momento de retornar iba a ser de noche. Es por eso que a mitad de camino, despedimos a Maud y Andrea y con Franz, Sofi y Leo volvimos para Iruya donde teníamos que pasar la noche para salir al día siguiente hacia La Quiaca.
Esa misma noche cenamos en un comedor. Como no teníamos tanto dinero Franz invitó la mayor parte de la cena aprovechando la ventaja cambiaria que tenía por ser europeo. Llovía a baldes y nos pusimos nuestros uniformes para lluvia para salir por las calles ¡Parecíamos de la NASA!!!!
Ya el 26 de Diciembre, a las 6 de la mañana salimos rumbo a La Quiaca. Como no hay colectivos directos desde Iruya, tuvimos que pagar hasta el cruce de las rutas ($9.50 cada uno en transporte Iruya S.A) y allí esperamos con muuucho frío hasta que pase el colectivo. Desde el cruce hasta La Quiaca con Panamericano de Jujuy S.A nos costó $15 cada uno.
En la Quiaca mucho no hicimos. Nos alojamos en el Residencial La Merced (San Juan 37 frente al Correo) a $15 cada uno, cerca de la calle principal, de la Terminal y de la Frontera. Pasamos un rato por la tarde a Villazón para conocer y visitamos la plaza del pueblo. Al otro día fuimos “temprano” a comprar pasajes de tren hasta Uyuni pero no conseguimos, había que ir más temprano todavía.
Como no conseguimos pasajes, no fuimos al salar y lo dejamos para la vuelta. Después de haber registrado la salida de Argentina compramos pasajes en bus hasta La Paz. Fuimos por Expreso Tupiza hasta la Paz y pagamos por ello 130 bolivianos cada uno. El viaje es cansador, más aún cuando los colectivos no tiene mucha comodidad como en casi todo Bolivia. Además, la mayor parte de este trayecto (creo que hasta Oruro) es de ripio y por caminos montañosos y encima, para un viaje de 19hs el baño del colectivo estaba clausurado, una vergüenza pero bue… ¡Hay que aguantar!
La Paz es una ciudad muy sencilla por representar tanto en Bolivia. Tiene sus avenidas principales en la Avenida Santa Cruz y la Av. 16 de Julio y todo alrededor de ellas. Nosotros nos alojamos en el hostal “El Arcángel” en calle Av. Armentia 439 a dos cuadras de la Terminal de Buses por tan solo 25 bolivianos la noche, cada uno. Saliendo de la termina, subís por una calle que es un poco empinada y vas para la derecha, esa es Armentia. También por esa calle hay más hostales baratos, es cuestión de caminar un poquito y averiguar. Nuestra habitación era grande, bastante amplia, con una ventana desde la que se podía ver la ciudad (su color naranja por las construcciones durante el día, y a la noche toda luminosa), y con tres camas matrimoniales, una para cada uno. Los baños como siempre, dejan un poco que desear, pero no tanto como para que un mochilero se queje. Al igual que todo Bolivia y Perú, tienen ese sistema de calefacción eléctrica que no me gustó mucho.
En los atractivos de la ciudad, o por lo menos lo que nosotros hicimos o quisimos hacer fue: Ir al estadio de fútbol, al que no pudimos ir por ser domingo y justo estaba cerrado. Caminamos por toda la Av. Santa Cruz y la 16 de Julio. Vistamos la Plaza Murillo, la principal de La Paz (queda en calle Comercio entre Socabaya y Ayacucho) y los edificios que la rodean como el Palacio de Gobierno, la Catedral, etc. También visitamos el Banco Central de Bolivia en calle Ayacucho bajando dos cuadras desde la plaza Murillo. Para comprar cosas podés ir por la calle Comercio desde Pichincha hasta la Plaza. También en calle Sagarraga hay varios lugares con artesanías, lo mismo en Calle Linares. Hay otro lugar con muchisima ropa a la venta que es en calle Tumusla, donde podes comprar jeans, camperas, zapatillas y de todo lo que quieras a precios muy bajos.
Siguiendo nuestro camino, el próximo destino fue Copacabana, en donde pasaríamos Año Nuevo. El pasaje lo sacamos en la misma Terminal de Buses, en la empresa Transportes 6 de Junio y costó 25 bolivianos cada uno. El viaje dura unas 4 horas y ya casi llegando a Copacabana hay que cruzar una parte del lago por lo cual tenes que pagar 1.50 bolivianos más y no están incluidos en el pasaje. En el viaje conocimos a Gabi (Uruguay), Pablo y Alejandro (Buenos Aires) quienes serían luego nuestros compañeros de festejos en Año nuevo. Allí en Copacabana, subimos el cerro donde está el Calvario, desde donde se ve de forma espectacular la ciudad y el Lago Titicaca. Esa misma tarde alquilamos los cisnes navegantes por 20 Bs. en la costa y salimos a flote por el Lago. Al otro día, fuimos a pasar la tarde a la Isla del Sol. Sacamos pasajes de ida nada más porque no sabíamos qué haríamos, si pasar Año Nuevo allá o volver. El pasaje nos salio 15 bolivianos a cada uno la ida por “Titicaca Tours”. Pero como al final no pasamos la noche allá nos volvimos y salieron 15 más. Si sacas ida y vuelta todo junto sale 20 bolivianos.
La isla es espectacular, llegamos y almorzamos ahí con Gabi. Luego, comenzamos la caminata de Norte a Sur, desde donde hay hermosas vistas del Lago y la costa. Hay que tener cuidado porque de vez en cuando te cobran una especie de peajes para “mantenimiento” de la isla. Algunos son ciertos, otros no. Nosotros fuimos por la parte de arriba de la isla, nos habían dicho que era más plano el camino, y allí nos cobraron varios peajes, no muy caros (5Bs cada uno) pero son molestos cuando se supone que no te cobran nada. Creo que si vas por abajo, no hay ni un peaje.
La cuestión fue que llegamos nuevamente a Copacabana para festejar año nuevo. Comimos unas truchas con fritas (para ese entonces, ya era año nuevo en nuestra ciudad, pero ahí teníamos dos horas menos). Luego, nos fuimos para un bar donde había gente de todas partes del mundo. Allí si brindamos, tomamos fernet, caipirinha y cerveza y disfrutamos de los fuegos artificiales e incluso nos fuimos un rato a la orilla del lago donde se había reunido una gran cantidad de gente. Lamentablemente, aunque la noche daba para más, nos fuimos a dormir. Estábamos cansadísimos de todo el día en la Isla y para colmo, al otro día pasábamos a Perú bien temprano.
Llegamos a Puno, luego de 3 horas de viaje aproximadamente, desde Copacabana. No quisimos quedarnos ahí y salimos inmediatamente a Cuzco, a donde llegamos alrededor de las 7 de la tarde hora peruana. Inmediatamente fuimos a la casa de quien nos alojaba. Por CoushSurfin.com conseguimos alojamiento en casa de Wilman. Al llegar, habia 20 turistas alojados!!! Una locura, pero Rodo, un Colombiano que había llegado hacía unos días, nos ubicó en una de las 5 habitaciones que había allí. En esa casa conocimos a Ulises (Perú), Dawn (Canadá), también a los chicos de Colombia y a otros argentinos. Con ellos fue con quien hicimos la ruta alternativa al Machu Picchu, pero esto voy a dejarlo para otro comentario. En Cuzco vistamos la Plaza de Armas, fuimos al mirador donde está el cristo y caminamos por muchos lugares de la ciudad. Ni hablar del mercado central, en donde por 2.50 soles comes un plato de sopa, y luego pollo/pescado con fritas más un vaso de refresco!!!! Nos comentaron de otras ruinas, como la de Sacsaywaman o Quenqo pero no pudimos ir. Quedará para el próximo viaje.
A la vuelta del Machu Picchu, volvimos a Cuzco por la misma ruta que habíamos ido. Volvimos a dormir en lo de Wilman y al otro día salimos para Lima, donde también nos esperaba una familia en cuya casa íbamos a alojarnos. Esta vez fue en casa de Erica Manrique, aunque la mayor parte del tiempo la pasamos con su madre Elvira, quien nos preparó un riquísimo ceviche en uno de los días que estuvimos allí. En Lima visitamos el barrio de Miraflores, Surco, la playa de Miraflores, la de Barranco, el centro Comercial Larcomar, ni hablar de la Plaza de Armas de Lima y la peatonal. Nos manejamos básicamente en los buses urbanos que por 1 sol o 1.50 te llevan un largo recorrido. Nos encontramos con Giacomo un “primo” nuestro, quien nos llevo el sábado por la noche a recorrer lugares más alejados, como la Costa Verde, los bares de Barranco y la herradura. Al otro día, nos invitaron nuestros “primos” Giacomo y Fiorela con su esposo Coco, a comer comidas típocas. Una exquisitez!!!!! Comimos: ceviche, conchas al parmesano, pulpo al olivo, tacu tacu, algunos postres también y acompañados por las cervezas Cusqueña o Pilsener.
Próximo destino? Tumbes, para cruzar la frontera e ir a Montañita, en Ecuador. Cuando llegamos a la Terminal de Tumbes con un taxi salimos hacia la frontera, previo paso por Migraciones para registrar nuestra salida y entrada. Desde Huaquillas iniciamos una serie de combinaciones en colectivo hacia Montañita: Huaquillas-Guayaquil-Santa Elena-Montañita (Ver precios). En Montañita acampamos gratis en la playa. Eso si, nuestra ducha era el mar y nuestro baño algunos pozos por ahí. Estábamos todo el día en la playa sin hacer nada, todo hermoso. A la noche se puede recorrer el pequeño pueblo. Se dice que Montañita no duerme, y es verdad, nos bares nunca paran de sonar y las juntadas ahí mismo duran hasta que el sol vuelva a salir. Desafortunadamente no pudimos estar mucho tiempo allí. Fueron 3 días, pero tuvimos que regresar para Lima combinando buses como en la ida.
Lo que jamás nos esperabamos que pasara durante el viaje nos pasó finalmente: un piquete. Una protesta por la privatización de una represa nos demoró en la ruta un dia entero. Afortunadamente, la espera se hizo mucho más amena porque se entablaban conversaciones con los demás viajeros, música, películas y largas charlas de política, economía, educación, etc. con gente muy amable como Julián (Lima), el “panzón” (Lima), Enrique (Ecuador). Gracias a Dios el piquete se levantó y pudimos seguir, pero para Lima nos faltaban nada menos que 17hs de viaje.
Al llegar, volvimos a alojarnos en casa de Elvira por unos días más. Volvimos a recorrer algunos lugares del centro, la Av. Larco, la feria de ropa “Gamarra”, la playa de San Bartola y la otra feria “Polvos Azules”.
Era hora de dejar Lima y, si bien no estaba planeado ir, nos fuimos a Arequipa. Quedamos encantados. Una ciudad de construcciones blancas, con una catedral hermosísima y otros edificios que merecen también tal adjetivo. Nos alojamos en el hostal “El Rosario” por 12 soles cada uno [Calle Pasaje del Solare 124 – Cercado. A 4 cuadras de la plaza]. Ya no teníamos tantos días para recorrer mucho pero fue suficiente para quedar fascinados con Arequipa.
Debíamos seguir la ruta y luego de combinación en Puno y de tener que coimear a los oficiales encargados de migraciones para que nos sellen el pasaporte porque ya había cerrado y era muy de noche, llegamos a La Paz. Nos alojamos en el hostal “el Arcángel”, el mismo donde habíamos dormido la anterior estadía en la ciudad. En principio la idea era dormir y salir al otro día rumbo a Sucre, pero llegamos justo el fin de semana del referéndum por lo que tuvimos que quedarnos desde el 23 hasta el 26 en La Paz. Eso si, no lo desaprovechamos. Volvimos a caminar por las calles de La Paz, y, ya que nos demoramos por ello, el 25 de Enero fuimos al acto de Evo Morales en Plaza Murillo. Sin embargo, no pudimos ir a Sucre, se nos acortaban los días y debíamos llegar el 31 a Bahía Blanca.
Salteado Sucre, nos fuimos para Potosí, donde estuvimos tan sólo que 7hs. Llegamos aproximadamente a las 5 de la mañana y esperamos a que la ciudad empiece a moverse un poco para contratar una excursión. Pagamos 40 bolivianos cada uno en la agencia de viajes “banoa” y fuimos a conocer las minas del Cerro Rico, acompañados de un guía turístico. Es lamentable ver las condiciones en que trabajan los mineros, nosotros fuimos hasta el 2do subnivel y ya era insoportable el polvillo de la mina. Alrededor de las 11 de la mañana, salimos de la mina y nos fuimos para la Terminal de Buses a Uyuni. Por 30 bolivianos, nos esperaba un viaje de aproximadamente 7 horas.
Cuando llegas a Uyuni, se te acercan vendedores de todo tipo para ofrecerte excursiones al Salar. Nosotros contratamos en Isla Tours por 205 bolivianos la excursión al salar de un día (100bs), el alojamiento (25bs – y la segunda noche la señora nos dejaba dormir en la oficina para no pagar otra vez) y 80bs el pasaje a Villazón. El hostal dejaba mucho que desear. Te venden con electricidad y cuando enchufás una afeitadora la encargada te golpea la puerta para que la apagues. Una lástima.
Lo que respecta al Salar, es impresionante. Realmente es como estar en el cielo (aunque no se lo que se siente estar ahí). Es ver blanco por dondequiera que sea, y el horizonte allá bien lejos. Sal, Sal y más sal. Fuimos en la camioneta acompañados por Mariano, Vanesa y otra pareja más, además del conductor. Recorrimos el Hotel de Sal, con todas las mesas y bancos hechos de sal, el lugar donde flamean las banderitas, los ojos de agua y los montículos de tierra. También fuimos a la Isla Pescado a donde tenés que pagar 15 bolivianos para ingresar. Tengan eso en cuenta porque generalmente te venden como que no hay que pagar más nada durante la excursión y te encontrás luego con eso. Realmente es una maravilla. Es muy recomendado que vayan, es un lugar de parada obligatoria para quienes están en Bolivia. También es recomendado que lleven anteojos de sol porque tanta claridad te hace mal, además de un buen protector solar. Luego del Salar visitamos el cementerio de trenes en donde sacamos varias fotos en las locomotoras abandonadas y oxidadas. De vuelta en el pueblo, previo paso por el cementerio de Trenes,como dije, pasamos la noche en la oficina de Turismo. A las 6am. salíamos para Villazón.
Cuando esperábamos el bus, nos dijeron que no salía porque se había roto. Por suerte y por mala suerte también, viajamos en el de la otra empresa que salía. Lo malo es que viajamos los 7 de la empresa que no salió en 5 asientos, todos apretados, con gente en los pasillos y en un bus que daba lástima, era un desastre. Ahh! Me faltó decir que el camino era de ripio. Así y todo llegamos a Villazón. Pasamos lo más rápido a La Quiaca y empezamos a buscar combinaciones hasta Bahía Blanca a donde llegamos el 31 de Enero al mediodía.
Fue el final de un viaje inolvidable, con un toque de planificación y algo de improvisación, pero que aprovechamos para desenchufarnos de la rutina. Agradezco muchísimo a todos aquellos que con sus comentarios en foros o en diarios de viajeros, colaboraron de una u otra forma ayudándome a informarme sobre parajes, alojamientos y lugares para recorrer. Agradezco especialmente a Niki quien me dio mucha información sobre la Ruta alternativa al Machu Picchu y a quien le prometí una foto desde la cima del Wayna Picchu. A Ulises por sus recomendaciones en casa de Willman. A Elvira por alojarnos tan cálidamente. A Giacomo, Coco y Fio por recibirnos con tanta alegría y mostrarnos su querida Lima. A todos ustedes viajeros les doy las gracias y les dejo estas líneas de información para planear su próximo viaje…




























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