lunes, 8 de febrero de 2010

2 al 5 de Febrero - Trujillo y Lima, Perú



Luego de los trámites en frontera y de una serie de conexiones entre ciudades, llegamos a Trujillo el 2 de Febrero cerca de las ocho de la noche. Nuestra parada allí nunca fue planificada y respondió más bien a la necesidad de acortar el viaje a Lima y principalmente, a disfrutar nuestro último día de playa.

Por recomendación de Manuel, un muchacho que conocimos en Otavalo y que compartimos la excursión a la selva en Puyo, llegamos a casa de Abraham, también por CS. Allí, por sorpresa, nos encontramos que Justin, un joven de California que habíamos conocido en Pasto, y que se estaba alojando en la misma casa en donde pararíamos nosotros.

Como dije, el objetivo era la playa así que al otro día nos fuimos a la playa de Huanchacho. No era muy linda, la tierra dejaba su marca en nuestros pies y el mar estaba con bastantes piedras que hacían dificultosas las pisadas y hacían perder el equilibrio al momento de meterse. Estuvimos en la playa aproximadamente cuatro horas con Nico y Justin, caminando, refrescándonos y tomando sol. Así terminamos, bastante quemados!

Más por la tarde, ya con la compañía de Abraham, caminamos por el centro de Trujillo y la plaza de armas, observando cómo las casas que rodean la plaza mantienen la fachada colonial a pesar de albergar diversos locales comerciales.

Sin más tiempo disponible y apretados por el calendario para llegar a tiempo a Lima, salimos a las 23hs rumbo a la capital peruana, donde disfrutaríamos nuestros últimos dos días de viaje. Así, llegamos a Lima a las seis de la mañana, con los primeros síntomas de un tránsito que con el pasar de las horas se transformaría en un caos total. Sin mucho por hacer y para no molestar tan tempranamente a nuestro Couch en Lima, Edison, pasamos las horas navegando por Internet y realizando algunas compras.

Más tarde, con indicaciones precisas, llegamos a casa de Edison nuestro último hogar del viaje. Desde un primer momento, Edison estuvo a nuestra disposición para mostrarnos su ciudad desinteresadamente y con la única intención de hacernos sentir como en su casa y que disfrutáramos mucho el final de este viaje inolvidable. Luego de acomodarnos, ducharnos y acomodar un poco las mochilas, salimos por la tarde a recorrer la peatonal, la plaza de armas y lo que se llevó todos los laureles, el Circuito Mágico del Agua.

Es increíble desde cualquier punto de vista. Con sólo pensar que la entrada cuesta cuatro soles, la primera impresión es que el parque no valdrá mucho la pena. Sin embargo, es el parque de aguas danzantes más grande del mundo. Fuentes de todo tipo se observan a lo largo de los caminos que guían de un lado a otro. Alguna más elegante que otra, con diversos tamaños y colores, los chorros de agua se mueven al compás de la música, sea cual sea el ritmo que se les imponga: La camisa negra (Juanes), Waterloo (ABBA), We will rock you (Queen), Himno a la Alegría, entre otras. Eso no es todo; el show de rayos láser combinados con las aguas danzantes dan el toque final a una presentación que ameritaba ser vista cuidadosamente cada minuto y sin pestañar porque no dejaba de sorprendernos.

Por último, y ya en nuestro último día de viaje, recorrimos el Barrio Chino, Miraflores y Barranco, en donde degustamos Pisco Sour en algunos puestos que festejaban la Fiesta del Pisco Sour que comenzaba a desarrollarse ese fin de semana. Eso fue lo último que visitamos antes de volver a casa de Edison, terminar de armar las mochilas y tomar el vuelo de regreso a Argentina.

Fueron cuarenta y cuatro días de viaje por Colombia, Ecuador y Perú, conociendo las ciudades de Cartagena de Indias, Santa Marta, Bucaramanga, Bogotá, Manizales, Armenia, Cali, Pasto, Ipiales, Otavalo, Quito, Baños, Puyo, Manta, Puerto López, Montañita, Salinas, Guayaquil, Trujillo y Lima. Es cierto que quien mucho abarca, poco aprieta, pero quizás si hubiéramos visitado más tiempo por ciudad, nos hubiéramos perdido de conocer otras, por eso, tratamos de distribuir los días conociendo algunos lugares, resignando de otros. Quedan miles de fotos, anécdotas y recuerdos en la memoria y por sobre todas las cosas, amistades.

Es momento de despertar de este sueño y volver a la realidad. Un sueño que tiene nombre propio y poco a poco, año tras año va completando sus capítulos. Con diferentes paisajes, diferentes historias y diferentes protagonistas, es el sueño de recorrer Latinoamérica, esta tierra que con todos los defectos que uno le puede encontrar está siempre dispuesta a recibir viajeros de todas partes del mundo, sin distinción de raza ni color.

Antes de finalizar, un inmenso agradecimiento a Nico, mi compañero de viaje, y a su familia. En primer lugar, porque me recibieron en Jesús María durante los días previos y posteriores a los vuelos del avión, brindándome su casa con toda hospitalidad y haciéndome sentir bienvenido desde el 21 de Diciembre que llegué a su casa. En segundo lugar, porque si no fuera por Nico, no sé si este viaje lo hubiera realizado, simplemente por no querer viajar solo. Le agradezco haberse animado a viajar con un desconocido. Le agradezco por las eternas charlas por MSN coordinando fechas, lugares e información de todo tipo al momento de organizar el viaje. Por aguantar esos días de incertidumbre cuando corría riesgo mi viaje. Por soportar casi cincuenta días de convivencia con mis incomodidades, mis quejas, mis malos humores y mis enojos. Por aceptarme como "economista" del viaje, que controlaba los gastos para no pasarnos y llegar bien con el presupuesto al final del viaje. Por hacerme adicto al café, y principalmente, porque es una persona con un corazón enorme y fue un gran gusto haberlo conocido. Por todo esto, mis mejores deseos para todos ellos y estoy segurísimo que esto no termina acá, sino que, como dice la canción, "nunca hay un adiós total, siempre es un "nos volveremos a ver", en algún lugar del tiempo". "No hay olvido cuando existe la amistad y el respeto". Está claro, es el comienzo de una gran amistad entre todos nosotros.

Un brindis: Salud y Bienvenidos a Argentina!

sábado, 6 de febrero de 2010

29 de Enero al 1 de Febrero - Guayaquil



Luego de una semana de sol, playa y mar, por la tarde del viernes 29 de Enero volvimos a Guayaquil para conocer la ciudad. Nuevamente, nos alojamos en casa de Geovanny, a través de CS, quien se encargó de mostrarnos los mejores lugares de su ciudad durante el último fin de semana de Enero. Javi fue quizás el primer CS que contactamos mientras organizamos nuestro viaje y que con paciencia supo entender nuestro entusiasmo por realizar este viaje. Él se mostró diferente de lo que pensábamos cuando lo conocimos vía MSN mucho tiempo antes. Fanático confieso del mate y el responsable de la idea de entregar mates como souvenir a nuestros CS, fue perdiendo esa timidez que le asoma y entrando en confianza con nosotros hasta el punto de llamarnos cariñosamente "che pelotudo" u otras formas comunes por Argentina, y terminó convirtiéndose en todo un personaje. Simplemente, una gran persona.

Guayaquil es la ciudad más grande de Ecuador, la que combina urbanización y naturaleza con armonía y elegancia, en donde se encuentran lindas avenidas y grandes parques. Lo primero en visitar allí fue el Malecón 2000, una larga y moderna pasarela al costado del río Guayas. Caminando a lo largo del malecón, se llega a la intersección con la calle 9 de Octubre, en donde se encuentra el monumento que conmemora el encuentro entre Bolívar y San Martín.

Siguiendo nuestra visita por el centro de la ciudad, fue el turno de visitar el parque de las Iguanas. Todas sueltas trepando árboles, caminando por los senderos o bien recostadas sobre el césped, se muestran las iguanas y se dejan tocar sin problema estos animales exóticos de varios tamaños que, a pesar de los carteles que prohíben alimentarlos, la gente se acerca y da comida.

A continuación, previo paso por la catedral, visitamos la feria de artesanos y la Bahía, donde miles de puestos se levantan para ofrecer vestimentas, artículos de electrónica, películas, zapatos, etc., y que, regateo mediante, aprovechamos para comprar algunos recuerdos para la familia. La última visita que hicimos en el día con el tour que Javi improvisaba para nosotros, fue a observar algunas tortugas galápagos, que alcanzan a vivir cerca de trescientos años y que si se las espera con paciencia, se las puede observar moviendo tranquilamente ese enorme cuerpo.

Por la noche, el maestro pizzero Nicolás, deleitó a la familia de Javi y preparó riquísimas pizzas para todos.

El día Domingo estaba reservado para visitar el Parque Histórico de Guayaquil, junto con otros CouchSurfers de Guayaquil. Pagando U$S 4 la entrada, podía visitarse un zoológico con diversos tipos de animales y plantas: manglares, bananos, plantas de café y cacao, lobos, nutrias, monos, patos, gallinas, gallos y mucho más. También, visitamos una réplica del Malecón 1900 con casas idénticas a las de aquella época, reconstruidas con los materiales auténticos y en la sección de tradicionales, disfrutamos de una payada muy entretenida y también de una obra de teatro que recordaba los momentos del boom cacaotero en Ecuador.

Si bien ese día era el que teníamos pensado dejar Guayaquil, lo postergamos para el lunes 1 de Febrero a la noche. Durante ese día, paseamos con Nico por el centro mientras Javi estaba en su horario de trabajo. Lo novedoso de ese día es que fuimos a ver "Una noche en el museo II", en el cine IMAX, con pantalla súper gigante, con una sala de cine en forma de cápsula y en donde se crea una sensación de ser parte de la película.

Así fue nuestro último día en Ecuador, un país increíble y hermoso, en donde en cada lugar, más allá de la intervención del hombre, la naturaleza ocupa el primer plano y se deja disfrutar tal cual es. Por último, como se lo merecen, agradezco a Abraham, nuestro CS en Salinas, y a Geovanny y toda su familia. Ellos formaron parte de nuestro recorrido por su país y dejaron un recuerdo imborrable, porque de una u otra forma, aportaron su granito de arena para contagiar con su alegría y su estilo nuestro viaje.

domingo, 31 de enero de 2010

24 al 29 de Enero - Ruta del Sol



Por cuestiones de falta de coordinación con nuestro alojamiento en Manta y gracias a la buena voluntad de Geovanny, nuestro CS en Guayaquil, adelantamos una semana nuestra visita a la ciudad más poblada de Ecuador, aunque fue solo de paso, puesto que solamente aliviamos nuestros equipajes y pasamos la noche allí.

Una serie de intercambio de contactos nos permitió alojarnos, al fin, en Manta en la casa de Isabel, por solo una noche, la que aprovechamos para visitar el malecón y la zona de bares de esta ciudad, conocida como la capital ecuatoriana del atún.
Si bien Manta es parte, al otro día, domingo 24, comenzó más precisamente nuestro viaje por parte de la Ruta del Sol, desde Puerto López hasta Salinas, dado que Puerto López es donde efectivamente comenzamos a disfrutar de la playa.
Allí pasamos dos días (y noches) simplemente disfrutando del mar, observando a los pescadores, caminando por la playa, pescando con el pie pateando olas pequeñas olas y fundamentalmente disfrutando de las fogatas nocturnas que encendíamos para tostar panes o cocinar salchichas, pero también para compartir largas charlas hasta que llegaba el sueño y con ello, la hora de ir a la carpa.
Y así fueron nuestros días por allí, sin presupuesto para visitar la Isla de la Plata, conocida como la Galápagos de los pobres (tan pobres que ni para esa tenemos dinero jaja!), se la pasó bien igual y ni siquiera la lluvia de la última madrugada opacó los lindos días de playa que tuvimos. Nos fuimos de Puerto López antes del mediodía hacia Montañita, previa observación de los pelícanos que robaban pescados al pasar por encima de los cajones de los pescadores.

En Montañita el estilo cambia. Ya no se veía más un pueblo de pescadores como Puerto López. Montañita tiene un estilo propio, aquel que se observa, se escucha y se respira, aquel que resulta de hippies, artesanos y rastafaris mezclados con surfers o turistas más adinerados, todos agrupados en sus calles colmadas de construcciones de caña y techos de paja. Si bien había conocido el año pasado, Montañita mostró algo distino. Además de desarrollarse el torneo de surf Reef Classic Conquer 2010, ahora las playas estaban llenas de turistas, con poco lugar entre las sombrillas y con algunas incipientes construcciones que pronto pasarán a ampliar la capacidad hotelera y la diversión en este pueblo.
Se dice que en Montañita no se duerme. Los bares se llenan, la música suena y las cervezas y cocteles se venden por cualquier puesto que aparezca por ahí, en esas calles angostas, que dan la sensación de estar en una peatonal techada y que de vez en cuando aparece algún que otro payaso callejero haciendo de las suyas.
Estuvimos dos días en Montañita disfrutando de la playa hasta el último rayo de sol y degustando alguna que otra Coca Cola o helado y caminando por calles que no aburren. Pero había que seguir y era el turno de visitar Salinas, en donde nos esperaba Abraham, de CS.

Salinas representó para nosotros nuestra última parada en la Ruta del Sol. La infraestructura cambia y ya se respira a ciudad. Las construcciones reflejan simple vista que la ciudad no busca viajeros improvisados, sino que sus grandes hoteles ya saben que llegaran miles de turistas cada temporada. De la misma forma, es una ciudad mucho m[as cara, los hostales se encarecen y también las comidas.
Abraham se portó de diez y fue un maravilloso anfitrión. De entrada nos aclaró que no nos asustemos por el lugar donde vive: en medio de una Salinera, que es propiedad de la empresa familiar. Nada de eso nos importó, él nos llevó de una playa a otra, y nos retiraba cuando el salía de trabajar, para ir a almorzar los menúes fabulosos que el cocinero de su casa nos preparaba especialmente para que probaramos. Conocimos la playa de Chipipe, tranquila y con un mar super tranquilo, y caminamos a lo largo hasta pasar a la playa de Salinas, más poblada y más comercial. También visitamos Punta Blanca y el último día, nos hizo pasar al Yatch Club del cual es socio y pasamos la mañana allí en la piscina, en frente al mar.Eso fue nuestro viaje por la Ruta del Sol, nuestro siguiente destino fue Guayaquil, a donde fuimos junto a Abraham, aprovechando que él también tenía que viajar hasta allí.

viernes, 29 de enero de 2010

19 al 23 de Enero - Baños de Agua Santa

En Ecuador, Baños de Agua Santa, más conocido como Baños, es sinónimo de aventura. En sus escasas manzanas es posible encontrar distintos puestos que ofrecen una larga gama de atracciones: rafting, canyoning, salto del puente, tirolesa, vista del volcán Tungurahua, tours a la selva y alquiler de bicicletas, entre otras opciones. Obviamente uno quiere hacer todas estas actividades pero el presupuesto no lo permitía asi que fuimos eligiendo con criterio cuáles haríamos.
Llegamos a Baños alrededor de las tres de la tarde, con el día nublado y una llovizna muy fina. Nos alojamos en el Residencial Patty, a U$S 4 cada uno la noche y comenzamos a recorrer la ciudad averiguando precios y otros detalles de las excursiones. El Tungurahua, volcán emblema de la ciudad, que se encontraba en erupción, fue una fallida excursión en esa noche que no dejó verlo ni siquiera desde los puestos de control (conocidos como Ojos del Volcán o Casa del Arbol), los más cercanos al volcán donde se encuentran los sismógrafos que comunican minuto a minuto la actividad volcánica. No fue consuelo ni el canelazo ni que nos lleven al mirador Bella Vista a ver la ciudad. El volcán no había estallado y la excursión, fracasado.

El 20 de Enero tuvo un poco más de color, no por haber salido el sol sino porque la aventura comenzó realmente. Luego de un desayuno que incluía bananas para prevenir calambres, contratamos dos bicicletas a U$S 5 cada una para hacer la ruta de las cascadas. Fueron 30 kilómetros de ida pasando por cinco cascadas, cada una con su encanto particular: Agoyán, Manto de la Novia, San Pedro, el Pailón del Diablo y Machay. De estas últimas, el Pailón del diablo es aquella que aparece en Proof of Life, película protagonizada por Russell Crowe. La última merece una mención especial porque en ella nos zambullimos a pesar del frío y de la potencia que tenía. Increíble.
La bicicleteada no teminó allá: había que vovler. Y nuevamente los 30 kilómetros a pedalear, esta vez, con más subidas que bajadas, en las cuales pedaleabamos hasta que las piernas quemaban y ahí bajabamos y continuabamos a pie.
El día terminó con algunos gustos: un baño en las aguas termales de la virgen y más tarde una cervecita en un bar.

Al día siguiente, contratamos la excursión por la selva a U$S 25 cada uno. En Chiva, fuimos hasta Puyo y allí visitamos una reserva de monos. Todos sueltos, saltaban de turista en turista y muy atrevidos, revisaban los bolsillos de cada uno de nosotros. De regalo, nos llevamos una meada de uno de ellos que no aguantó cuando lo teníamos encima.

Lo siguiente interesantes (porque otras cosas tenían más objetivos comerciales que mostrar la selva en sí) fueron los treinta minutos de canoa por la selva, por el río Puyo. Hechas de tronco, tambaleaban de un lado a otro y si bien algo nos mojamos, nunca se dieron vuelta. Es interesante ver cómo el agua pone una pausa a la densa vegetación que hay, si bien es selva secundaria, algo modificada y adecuada al hombre.
Luego de esos 30 minutos, nos esperaba el almuerzo y casi inmediatamente después comenzamos una caminata hacia la cascada Hola Vida en medio de la selva, con Lorena, nuestra guía quien nos fue mostrando diferentes tipos de insectos y plantas que los indígenas usaban con fines medicinales, estéticos y hasta afrodisíacos.
De más está decir, que nos bañamos en la cascada, que golpeaba durísimo cuando te parabas justo debajo de ella.

Lo último de la excursión fue el mirador desde el cual se veía la selva y el río que la atravezaba. Una increible vista digna de ser observada detalladamente y pensando en lo inmenso que es el mundo y lo afortunados que somos quienes tenemos las ganas y la posibilidad de viajar para conocer aunque sea una mínima parte de lo que la naturaleza tiene para mostrarnos. Sin embargo, lo mejor estaba al lado, a menos de veinte pasos: el columpio. Increible, no solo por el paisaje que acompañaba sino por la forma. Pura adrenalina, con el riesgo de quedar colgando si no me atajaban. Juro que me temblaron las piernas, y mucho.

Si bien nos fuimos al día siguiente, eso fue todo en Baños. Lo mejor que vimos en Ecuador, lo que más esperaba de este país desde que salí de Argentina. La ciudad nos despidió con una sorpresa. Como respondiendo a la primera excursión y asegurando que el saludo era "hasta la próxima" y no un "gracias por visitarnos", la ciudad nos despidió con el volcán y su chimenea de humo. Así terminó nuestra visita a Baños. Queda el recuerdo. Queda un proyecto en mente.

lunes, 18 de enero de 2010

17 al 18 de Enero - Quito: Mitad del Mundo



Si bien el paralelo de cero grados da la vuelta al mundo, en la capital de Ecuador cobra mayor importancia. Llegamos a Quito el 17 de Enero a la tarde y luego de caminar y caminar buscando hostales por internet, llegamos al Hostal Marsella (U$S 6 cada uno). Al otro día recorrimos el centro histórico con todos los edificios que se pueden imaginar: catedral, plaza principal, palacio de gobierno, etc.
Además, poco había pasado del mediodía cuando tomamos una serie de buses que nos llevaron a la Ciudad Mitad del Mundo. Se trata de un complejo en el cual está trazada la línea del Ecuador, aquella que fue calculada por primera vez en 1736. En realidad, con las nuevas tecnologías se demostró que no es exactamente allí, sin embargo no hay que menospreciar lo cerca de aquella hallada sin tecnología de punta.
La entrada nos costó U$S 2 y también venían incluidas las visitas a unas salas de exposición de una misión geodésica francesa, una muestra de insectos de Ecuador y otros países y unas maquetas en miniatura de Guayaquil y Cuenca.
No fue mucho lo que hicimos en Quito. Tampoco pretendíamos más. Es una ciudad capital y para ver edificios no vale la pena quedarse. Lo relevante era el cruce de hemisferios. Ahora vamos en busca de aventura: bicicleta por la montaña, aguas termales y selva. Próximo destino: Baños de Agua Santa.

domingo, 17 de enero de 2010

15 al 17 de Enero - Otavalo




Si bien a Otavalo llegamos el 15 a la tarde, no fue mucho lo que hicimos ese día, principalmente, porque era de noche. Fue más bien acomodarnos en el hostal, luego de caminar y buscar uno bien barato (U$S 4). Como verán, fue el primer hostal que pagamos, porque no conseguimos CS disponible en esta ciudad. El otro día, sábado 16, era el que más buscamos desde el momento que planificamos el viaje, porque los sábados hay una gran feria de artesanos en la Plaza de los Ponchos, donde miles de artesanos arman sus puestos y venden sus productos: desde pulseritas, remeras, camperas y gorros, hasta sopas y cerdo para comer.
Más por la tarde, alrededor de las tres, pasamos a buscar a Jonas, un alemán que anda de voluntariado por Ecuador y que habíamos conocido en la caminata mientras buscabamos hostales, y nos acomañó a la cascada Peguche, ya que el conocía el camino para llegar hasta allá. El lugar es muy lindo, no sólo por la cascada sino también por el sendero que te lleva hacia ella. La cascada puede verse desde abajo, una especie de visa panorámica, aunque no tanto, porque la tenes ahi bien cerquita y llegas a mojarte. La otra, es ir por arriba y estar a centímetros de donde comienza la caída. Allí estuvimos también y nos sentamos a descansar un poco, porque nuestras piernas durante todo el día pasaron factura de los miles de escalones que subimos y bajamos en el Santuario de las Lajas. Lo bueno de estas piernas doloridas es que me sirve de pretemporada también! Jaja!

Hablando de pretemporada, el domingo antes de irnos para Quito, fuimos hasta el Lago San Pablo, para lo cual caminamos muchísimo por montañas y rutas, realmente muy cansador. Finalmente estuvimos por ahí cerca del lago con una muy linda vista de la montaña Imbabura, la cual también se observa desde la ruta ya cuando nos fuimos de Otavalo hacia nuestro siguiente destino: Quito, volvemos para el hemisferio Sur!

viernes, 15 de enero de 2010

12 al 15 de Enero - Cali, Pasto e Ipiales



Los días 12, 13 y 14 de Enero podría decirse que fueron más de descanso y de transición para pasar de un país a otro que de disfrute y conocimiento de las ciudadas que tocaba visitar. Sin embargo, pueden destacarse alguna que otra excepción. Lo que respecta a las ciudades recorridas, llegamos a Cali desde Manizales (35000 COP cada uno el pasaje) el 12 de Enero y pasamos el día allí: visitamos el centro, el museo del oro, alguna que otra plaza y así pasando el tiempo hasta las 21.30 que salía nuestro bus hacia Pasto (25000 COP el pasaje).

Si bien el bus no era de lo más cómodo, debo reconocer que prácticamente no dejé de dormir ni un momento durante el viaje. Tal es así que de casualidad me desperté y pregunté a un hombre que se bajaba del bus y me dijo que estabamos en Pasto, justamente nuestro destino. Eran las seis de la mañana.
En Pasto nos recibió Alfredo, también de CS y nos brindó su casa para pasar nuestros días allí. El bienvenidos que se leía en la alfombra de nuestra habitación era el reflejo de la forma en que Alfredo, comerciante y fanático de las matemáticas, recibe a sus huéspedes, a los cuales les deja a disposición un juego de llaves para entrar y salir cuado desearan dado que el trabaja de 8 a 20hs aproximadamente.

Nuestros dos días en Pasto, uno más de lo que estaba planeado porque decidimos esperar respuestasa los mensajes de CS de Ecuador, tuvieron características diferentes a las que venían teniendo. Salvo un rato que anduvimos por el centro, la mayor parte del tiempo fue para recorrer las cercanías del departamento, caminando por la ruta y disfrutando de paisajes de montañas y bosques, hasta de la vista del volcán Galera (4276mts) que hasta hace muy poco tiempo había estado en erupción.

El 15 de Enero fue nuestro último día en Colombia. Ya casi no quedaba sur dentro de los límites de este país cafetero cuando conocimos el Santuario de Las Lajas, construído en conmemoración de la aparición de la virgen: realmente impresionante e imponente.
Fue lo último de nuestro recorrido por Colombia, país que es digno de ser conocido por sus montañas, su café,su gastronomía y por sobre todas las cosas, por la calidez y la amabilidad de su gente. Agradezco de corazón a Jorge, a Jairo, a Tania, a Nico y a Alfredo, nuestros CS en Colombia, todos ellos, junto con sus correspondientes familias, parte inolvidable de este recorrido. En Colombia, de alguna u otra forma, el riesgo estuvo, el riesgo está y el riesgo estará, pero no hay nada tan acertado como esa propaganda que da vueltas al mundo: "El riesgo, es que te quieras quedar".